sábado, 10 de octubre de 2026

DEL CAMINO SANABRÉS A LA MESA: UNA PAELLA, MUCHOS RECUERDOS Y UN TIRAMISÚ IRRESISTIBLE

 

Casa de Francis, Castilleja | 8 de octubre de 2026

Hay aventuras que terminan cuando llegas a Santiago y otras que, por fortuna, continúan mucho después. La nuestra, la del Camino Sanabrés que recorrimos a principios de septiembre, ha demostrado que las mejores etapas no siempre se hacen sobre una bicicleta. Algunas se disfrutan alrededor de una mesa, entre recuerdos, risas y el placer de volver a encontrarse.

El pasado 8 de octubre nos reunimos en Casa de Francis, en Castilleja, para celebrar una comida que tenía mucho más de reencuentro que de simple cita gastronómica. A la convocatoria acudimos, por orden alfabético: Adán, Ana, Francis, José David, Juanfran, Juan Manuel, Loli, Marimar, Marisa y este que escribe. Dos nuevas incorporaciones, Ana y Marisa, se sumaron a quienes habíamos compartido aquella aventura por tierras sanabresas, ampliando así el círculo de una amistad que sigue creciendo.

Francis se puso al mando de los fogones

El anfitrión y maestro arrocero de la jornada fue Francis, responsable de una paella que reunió todos los ingredientes necesarios para triunfar: buena materia prima, dedicación y, sobre todo, muchas ganas de compartir. Como corresponde a un grupo bien avenido, los demás también arrimaron el hombro con sus aportaciones, porque aquí las cosas funcionan como en el Camino: cada cual pone lo que puede y todos terminamos disfrutando del resultado.                                                                                                                                  Y el resultado estuvo a la altura. La paella fue la protagonista gastronómica, aunque no la única. La conversación iba de plato en plato, saltando de los recuerdos del viaje a las anécdotas personales, entre bromas y comentarios que demostraban que el compañerismo no se quedó en los caminos de septiembre.

Mención especial merece la magnífica fotografía de gran formato que aportaron Juan Manuel y Ana. Una imagen de esas que no necesitan demasiadas explicaciones: basta con mirarla para que vuelvan a la memoria los paisajes, los kilómetros, los esfuerzos compartidos y esos momentos que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en parte de nuestra pequeña historia.

La puntualidad, esa costumbre que también hemos conquistado

La convocatoria estaba fijada para las 13:30 horas y hay que reconocer que la puntualidad fue una de las grandes protagonistas de la jornada. Desde el comienzo hasta el final, la reunión transcurrió con ese espíritu de organización y compromiso que ya nos gustaría encontrar en más de una etapa de nuestras aventuras ciclistas.

Si en el Camino aprendimos a madrugar, preparar las bicicletas y ponernos en marcha, en Castilleja demostramos que también sabemos cumplir con una cita cuando el recorrido conduce directamente a una buena paella. Cada cual tiene sus motivaciones, y no todas necesitan un cuentakilómetros.

Y llegó mi momento favorito: ¡los postres!

Confieso que, si la paella fue la estrella de la comida, los postres jugaron en otra liga. Quienes me conocen saben que el apartado dulce ocupa un lugar destacado entre mis preferencias gastronómicas. Por eso, cuando apareció aquella generosa carta de tentaciones, con sus pasteles y, especialmente, un estupendo tiramisú, empezó para mí una etapa de máxima exigencia.   El tiramisú fue mi debilidad, obra de Loli y desde aquí la felicito    por `N`veces.           Aquella combinación de cremosidad, sabor y textura puso a prueba mi fuerza de voluntad mucho más que alguna de las rampas que encontramos durante el Camino Sanabrés.   Tuve que realizar un esfuerzo verdaderamente extraordinario para no repetir por cuarta vez. Sí, por cuarta vez. Hay sacrificios que solo quienes han compartido una buena mesa pueden comprender, y todavía me pregunto si aquella renuncia merece figurar en mi historial deportivo como una prueba de resistencia psicológica.

Al final, logré contenerme. No sin esfuerzo, naturalmente. Porque una cosa es llegar a Santiago después de muchos kilómetros y otra muy distinta enfrentarse a un tiramisú que parece decirte que todavía queda una última oportunidad.

Lo mejor no estaba en el plato, sino alrededor de la mesa

Más allá de la paella, la fotografía y los postres, lo verdaderamente importante fue comprobar que el buen rollo y el compañerismo que nos acompañaron durante el Camino siguen intactos. No hubo que esperar a que aparecieran las bicicletas para reconocer al grupo: bastaron las conversaciones, las bromas, las muestras de cariño y esa facilidad para compartir el tiempo sin mirar el reloj.

Porque una aventura de este tipo no consiste únicamente en completar kilómetros o alcanzar una meta. También consiste en descubrir que, después del esfuerzo, queda algo mucho más duradero: la confianza, la amistad y las ganas de seguir viviendo experiencias juntos.

Gracias a Francis y Loli por abrirnos las puertas de su casa y regalarnos una paella magnífica; gracias a todos por sus aportaciones y por contribuir a que la jornada saliera tan bien; gracias a Juan Manuel y Ana por esa fotografía que nos permitirá conservar vivo el recuerdo; y gracias también a Ana y Marisa por incorporarse a esta reunión y compartir con nosotros una jornada tan agradable.—También fue una alegría especial compartir este encuentro con Ana, la esposa de Juan Manuel, a quien hacía muchos años que no veía. En nuestra juventud coincidimos en las mismas pandillas y compartimos aquella etapa de la vida que siempre se recuerda con cariño. Cuando la vi, me llevé una grata sorpresa, pues la reconocí enseguida: conserva un aspecto inconfundible que me permitió identificarla al instante.—

Y, por supuesto, gracias a todos por mantener ese espíritu de grupo que hizo especial nuestro Camino Sanabrés y que volvió a hacerse presente en Castilleja.

La próxima aventura, cuanto antes

Nos despedimos con la satisfacción de haber pasado un día estupendo, con el estómago bien atendido y las baterías de la amistad nuevamente cargadas. Pero sería un error pensar que aquí termina la historia.

Las bicicletas pueden descansar, pero las ganas de aventura siguen en marcha.

Ojalá no tardemos demasiado en organizar una nueva escapada, sea sobre dos ruedas, por otros caminos o en cualquier lugar que nos permita seguir acumulando kilómetros, paisajes y recuerdos. El destino, en realidad, es lo de menos; lo importante es la compañía.

Eso sí, conviene no demorarse mucho. Porque, si la próxima propuesta tarda demasiado en llegar, me temo que tendré que tomar cartas en el asunto y empezar a plantear nuevas aventuras con el mismo formato: buena compañía, organización, alguna ruta interesante y, a ser posible, una mesa generosa esperando a la llegada.


Queda dicho. Que nadie se sorprenda si pronto aparece una nueva propuesta en el grupo.

Porque el Camino Sanabrés terminó en septiembre, pero nuestra aventura como grupo sigue abierta. Y todavía nos quedan muchos caminos por recorrer, muchas mesas por compartir y muchos brindis por celebrar. Termino con una frase de Joseph Conrad. ¨...El mejor viaje que he realizado siempre será el próximo...

¡Hasta la próxima, compañer@s! 🚴‍♂️🥂

martes, 8 de septiembre de 2026

Lalín-Santiago, una placida ruta y una caotica llegada.

Datos técnicos de la ruta

  • ​Ruta: Camino de Santiago Sanabrés / Mozárabe / Vía de la Plata desde Zamora (7 etapa: Lalín - Santiago de Compostela)

  • ​Fecha de registro: 8 de septiembre de 2026

  • ​Punto de inicio registrado: Lalín, Pontevedra (Coordenadas approx.: 42.6652, -8.1170; cota inicial ~527 m).

  • ​Punto de destino registrado: Plaza del Obradoiro, Santiago de Compostela.

​Comentario sobre la experiencia

​A lo largo del recorrido destaca la tranquilidad de la ruta, ofreciendo una marcha serena y agradable durante la mayor parte del trayecto. Sin embargo, este ambiente contrasta drásticamente con la llegada a la Plaza del Obradoiro, marcada por una persistente lluvia que empañó el momento final.​El broche del viaje también tuvo un sabor agridulce debido a la estancia hotelera: a pesar de su ubicación céntrica, el establecimiento no ofreció las comodidades ni el servicio esperados para su categoría. Un punto crítico fue la falta de personal presencial para asistir en la llegada, requiriendo un proceso de check-in totalmente a distancia. Con esta etapa concluye el viaje, a la espera de una publicación posterior con más detalles, fotografías y vídeos.

¡Hasta el próximo camino¡

Fotos

lunes, 7 de septiembre de 2026

Ourense-Lalin. para Marimar y Loli

Las crónicas del Camino suelen centrarse en las piernas que pedalean o en las botas que pisan el barro, pero la penúltima jornada entre Orense y Lalín pasará a la historia de nuestro diario de viaje por dos nombres propios: Marimar y Loli.

​A un paso de rozar la gloria jacobea en Santiago de Compostela, esta sexta etapa del Camino Sanabrés (o Vía de la Plata) nos reservaba un terreno rompepiernas, técnico y exigente. Sin embargo, la auténtica logística y la fuerza motriz del grupo no han estado sobre el sillín, sino a bordo de la furgoneta de apoyo.

​Ficha Técnica de la Etapa: Orense – Lalín

  • ​Tramo: 6ª etapa del Camino Sanabrés / Vía de la Plata

  • ​Salida: Orense

  • ​Llegada: Lalín

  • ​Perfil de la ruta: Marcadamente rompepiernas.

  • ​Tramo crítico: Fuerte y durísima subida continua nada más abandonar las calles de Orense.

​Las heroínas invisibles del Camino: Marimar y Loli

​Mientras la ruta apretaba los cuadríceps desde el primer metro al salir de Orense, tras bastidores operaba un equipo de dos cuyo trabajo merece una ovación unánime. La labor de Marimar y Loli ha sido sencillamente impecable:

  • ​Puntualidad y logística impecables: Encargadas de trasladar la furgoneta con todo el equipaje tramo a tramo, asegurando que cada pesada mochila estuviera en su sitio al llegar a cada punto.

  • ​Gestión de reservas y hospedaje: Gracias a su previsión y buen hacer, encontrar la mesa servida en las hospederías para comer y la cama a punto en los hoteles ha sido un lujo constante.

  • ​Inyección de moral: Más allá del trabajo logístico, su cercanía, su trato siempre alegre y su permanente apoyo han sido el motor emocional para superar los momentos de mayor agotamiento físico.

​Mañana aguarda el último tramo desde Lalín hasta la Plaza del Obradoiro.

Daremos por finalizada esta aventura con la llegada a Santiago, pero la victoria de hoy en Lalín tiene dos nombres grabados con letras de oro: gracias, Marimar; gracias, Loli.  



domingo, 6 de septiembre de 2026

Dia 5 deacanso en Ourense


El sol gallego despierta sin prisas sobre los tejados del casco histórico de Ourense. Tras dejar atrás tantas leguas de moscas de la fruta, caminos, senderos y asfalto, hoy el cuerpo pide tregua. La expedición —una peculiar alineación de almas marcada por los peregrinos de Carrión de los Céspedes, el arraigo de Castilleja del Campo y este humilde cronista de Huelva, choquero de alma pero nacido en Castilleja— amanece al fin con el lujo incalculable de no mirar el reloj.

​A pocos pasos del piso turístico, un solitario bar sirve de escenario para un desayuno pausado: café humeante, pan crujiente y tostadas que saben a gloria reconquistada. No hay mochilas a la espalda ni zapatillas que ajustar. Hoy solo hay descanso.

​Un taxi nos traslada suavemente hacia las orillas del Miño, destino a Outariz y las termas de Burgas de Canedo. Ourense, la antigua Aqua Ourense de los romanos, lleva más de dos milenios regalando agua caliente desde las entrañas de la tierra. Aquellos legionarios del Imperio ya buscaban en estas fuentes la sanación de sus achaques de campaña, exactamente igual que estos ocho peregrin@s del sur.

​El vapor asciende sobre el cauce del río mientras os sumergís en las piletas termales. El calor de las aguas mineromedicinales obra el milagro: los gemelos agarrotados se aflojan, las plantas de los pies se calman y el cansancio acumulado se disuelve entre el susurro de la vegetación que rodea el recinto. Hay risas, anécdotas compartidas sobre los tramos pasados y un silencio reconfortante que solo conocen quienes han compartido camino.

​De vuelta al piso, la tarde exige cumplir con la tradición más sagrada del caminante: una siesta reparadora, profunda y sin interrupciones.

​Con las fuerzas renovadas, el atardecer marca el momento de extender los mapas sobre la mesa. Entre Castilleja, Carrión y Huelva se trazan con precisión militar los perfiles de la jornada siguiente. Quedan las dos etapas finales, el último empujón hacia la ansiada meta. Una cena ligera —para no sobrecargar el estómago— pone el broche a una jornada perfecta. Las equipaciobes aguardan en el recibidor, limpias y dispuestas; la mente y el cuerpo, listos para volver a rutear al alba.

sábado, 5 de septiembre de 2026

​Cronica de pedales, esfuerzo y contraste: De Laza a Ourense

​Ficha Técnica de la Jornada

  • ​Origen: Laza

  • ​Destino: Ourense / Orense

  • ​Distancia recorrida: ~56,8 km
  • ​Desnivel positivo acumulado: +1.180 m aprox.
  • ​Desnivel negativo: -1.520 m aprox.
  • ​Cota máxima: ~960 msnm (Puerto de A Albergueria / As Eiras)
  • ​Cota mínima: ~135 msnm (Valle del Miño, Ourense)
  • ​Terreno: Asfalto de montaña, sendas de tierra, empedrados tradicionales gallegos y pista forestal.

​El despertar en el valle y la conquista de A Albergueria

​La mañana arrancó en Laza con frescor matinal acariciando los montes. Por delante nos aguardaba una de las pruebas de fuego más temidas y hermosas de la Vía de la Plata: el ascenso continuo y continuado hacia A Albergueria.

​A medida que el firme ganaba pendiente y las piernas empezaban a reclamar tregua, brilló la figura de Juan Luis. Con una elegancia natural en el pedaleo y unas cualidades de escalador innatas, se fue imponiendo a los porcentajes más duros del puerto. Mantenía un ritmo cadencioso, casi sin esfuerzo aparente, devorando rampas donde otros luchábamos por mantener el equilibrio sobre la bici. Una auténtica exhibición en las rampas de la montaña orensana.

​Al culminar la cima, la recompensa tomó forma de refugio y leyenda: el Albergue de las Conchas en A Albergueria. Hacer un alto en el camino aquí es una parada casi obligatoria. Tomarse un café caliente rodeados de miles de conchas firmadas por peregrinos de todos los rincones del planeta te conecta con la mística real de esta ruta. Alli Adan encontro la concha que certificaba su paso alla por 19-09-2019.

​El reto del terreno: tramos de desenganche y bajada técnica

​El Camino Sanabrés no regaló nada. Aunque la gráfica general tendía a descender tras el puerto hacia la cuenca del Miño, la realidad sobre el terreno fue implacable. En varios tramos descompuestos, de firme pedregoso, zanjas profundas y pendientes técnicas pronunciadas, la prudencia dictó la norma: tuvimos que desenganchar las calas de los pedales y echar pie a tierra. Proteger la mecánica y los huesos fue prioritario en esas Sendas de piedras donde la tracción brillaba cob luz propia.

​La llegada a Ourense: la picardía hostelera y el hallazgo gastronómico

​Entrar a Ourense tras docenas de kilómetros de soledad montañosa supone un impacto de civilización. Sin embargo, la llegada dejó un sabor agridulce en lo logístico. El alojamiento reservado mostró de lleno la cara de la picardía que lamentablemente impera en ciertos sectores del Camino; servicios mas bajo de lo prometido y esa leve sensación de que al peregrino se le percibe a veces más como un cliente de paso que como un viajero a cuidar.

​Por suerte, el alma del Camino siempre equilibra la balanza a través del plato. Exhaustos y hambrientos, nos dejamos guiar por el instinto hasta un bar cercano al hospedaje. Allí nos sorprendieron con un plato único extraordinariamente abundante: una combinación, generosa y reparadora que resucitó a todo el grupo a base de sabor auténtico y raciones copiosas.

​Epílogo

​Termina así una etapa dura, bella, llena de contrastes, escaladas memorables y anécdotas para el cuaderno de viaje. Mañana toca merecido día de descanso en la ciudad de las termas; un alto en el pedaleo que este cronista aprovechará para reposar las piernas... e incluso dejar descansar la pluma. 


Fotos 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Etapa 4 Lubian a Laza, con Juanfran animando.

Salimos temprano de Lubián, con la luz fresca de la mañana marcando el inicio de la etapa. Ponemos dirección al puerto de A Portela do Camba, primer  puerto),  límite natural y provincial que despide a Zamora y nos da la bienvenida a Ourense. Solo para detenernos para hacer fotos en la raya fronteriza, continuamos la marcha con la mirada fija en el horizonte.

​Al llegar a las inmediaciones de A Canda y Santa María de Vilavella, el terreno nos muestra su cara más dura. Enfilamos un tramo del camino repleto de senderos no ciclables donde el avance se vuelve lento, pesado y por momentos francamente penoso.

La dificultad técnica y la piedra suelta se cobran su precio con dos caídas sin importancia, de esas que solo dejan el susto y un poco de polvo en el maillot. Por suerte, poco antes de llegar a A Gudiña, el camino decide darnos una tregua: el firme mejora considerablemente y la marcha se vuelve mucho más animada. Hacemos una merecida parada para inmortalizar el momento y tomar un café, antes de entrar a la villa, frente a la ermita de Nuestra Señora de Loreto hicimos una fotos para la historia.

​Reagrupados y con ánimos renovados, la ruta prosigue siguiendo fieles el track. Nos adentramos en un continuo sube y baja rompiernas que se compensa con creces gracias a unas vistas espectaculares. La ruta nos lleva a crestear por encima de los 1200 metros de altitud, ofreciéndonos una perspectiva monumental de la sierra.

​A falta de 12 kilómetros para el objetivo final, la montaña nos regala una vertiginosa y larguísima bajada de 12 kilómetros directos hasta Laza. Frenos al límite, adrenalina y velocidad para cerrar una jornada épica. Ya en el pueblo, nos reunimos a celebrar el esfuerzo con una buena comida en El Descanso del


Peregrino
, rematada con una siesta bien merecida para Juanfran --Chiqui para sus intimos--, quien hoy ha estado especialmente animado y cuya energía contagiosa nos ha empujado a todos a superar esta dura pero amenizado tramo del camino.


jueves, 3 de septiembre de 2026

Etapa 3: Puebla de Sanabria a Lubián​


​El día amaneció con esa energía única del camino, listos para encarar la travesía desde Puebla de Sanabria hasta Lubián. Sin embargo, los

primeros kilómetros nos pusieron a prueba. El arranque se convirtió en un auténtico reto técnico debido al mal estado y al descuido del terreno; entre piedras sueltas, firme irregular y bastante vegetación, avanzar exigió máxima concentración en cada metro.

​La recompensa llegó al salir finalmente a la carretera asfaltada, un firme mucho más amable que transcurre a la par de un arroyo sereno cuyo rumor de agua nos acompañó en el trayecto. Justo antes de afrontar el mítico puerto de Padornelo, hicimos la parada obligatoria: un redesayuno brutal para recargar baterías, llenar el depósito de carbohidratos y mentalizarnos para la gran subida.

​Con los ánimos renovados, coronamos el puerto y realizamos todo el tramo restante hacia Lubián por carretera. Rodar por el asfalto firme fue una bendición total que nos sirvió para desquitarnos del castigo y la dureza del día de ayer.

​Gracias al buen ritmo constante, La llegada a la casa de Irene en Lubián fue el broche de oro de la jornada: todo un lujo marcado por la tremenda bondad de su hospitalidad, el impecable estado de sus instalaciones y unas vistas estupendas de la montaña que invitan al descanso absoluto.  Ah¡,,Francis que tienes un corazón enorme y una energía que arrolla, pero de vez en cuando dale un respiro a esa cabecita dura, ¡que los demás también queremos llevarte  al lado....

Fotos video

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Polvo, Fuego y Pedales: La Etapa Tábara – Puebla de Sanabria o "Cómo sobrevivimos a 38 °C" (Especial reconocimiento a Adan)

 

​Hay días en el Camino de Santiago en los que uno siente que está haciendo turismo... y luego hay días como hoy, donde sientes que te han fichado para la próxima película de Mad Max.

​Bien como etapa 2, o como la "Prueba de Fuego" (literal), hoy nos enfrentábamos al tramo entre Tábara y Puebla de Sanabria. Un terreno exigente, una Sierra de la Culebra castigada y un termómetro que decidió que 38 °C era una buena temperatura para salir a pasear.

​Ponte el casco, abre el bidón y acompañanos en esta crónica de supervivencia sobre dos ruedas.

​🟢 Tramo 1: Rodar sobre seda en la Sierra de la Culebra (km 0 - km 20)

​Salimos de Tábara (rozando los 748 metros de altitud) con las piernas frescas y la moral por las nubes. Los primeros 20 kilómetros por la Sierra de la Culebra nos regalon una de esas mañanas que hacen que ames la bici: pistas en buen estado, una subida progresiva y constante ganando metros, y un ritmo alegre.

​"Esto está tirado", pensamos. Ilusos. El Camino siempre guardaba un as bajo la manga.

​🟡 Tramo 2: Bienvenido a la Luna (y el milagro mecánico de José David) (km 20 - km 25)

A partir del kilómetro 20, la película cambió de género. Entramos de lleno en la zona devastada por el gran incendio de 2022. Ver la huella de aquellas 65.000 hectáreas quemadas encoge el corazón, y el terreno lo refleja: pistas compactas que desaparecieron para dar paso a caminos erosionados, pedregosos y durísimos, donde cada pedalada exigía el doble de energía.

​Por si faltaba emoción, José David tuvo que quedarse arreglando el freno delantero. Sí, ese pequeño detalle sin importancia cuando vas bajando piedras. Pero como el tipo está hecho de otra pasta, en el km 25 reapareció en el horizonte como el mismísimo Gandalf en El Señor de los Anillos. ¡Mecánica rápida y de vuelta al pelotón!

​🔴 Tramo 3: Modo "Supervivencia" y el oasis a 8 km de la meta

​Con el sol pegando a 38 °C, la ruta dejó de ser un paseo y se convirtió en un test de resistencia pura. Mención de honor para Adán, que aguantó el horno ibérico como un autentico gladiador sin soltar una sola queja.

​Faltando solo 8 kilómetros para Puebla de Sanabria, con el agua a punto de hervir en las bidones, avistamos un pequeño pueblo. No era una ilusión óptica: era agua fresca de grifo. Nos reabastecimos como si fuera el bien más preciado del planeta (que en ese momento lo era) y encaramos el tramo final hasta la meta.

​🏆 Meta y Agradecimientos

​Llegar a Puebla de Sanabria tras semejante paliza ha sido una victoria en toda regla. Pero las victorias no se consiguen solos.

​Un GRACIAS con mayúsculas para Loli y Marimar, nuestro equipo de apoyo logístico y rescate moral. Sin su ayuda, su energía y estar al pie del cañón en los momentos de más calor, hoy seguiríamos derretidos en algún recodo de la Sierra.

​¡Una etapa más en la mochila, mucho polvo en la cadena y la satisfacción de haber superado un día para el recuerdo! Nos vemos en el siguiente tramo. 🚴💨


Fotos Dia 2

martes, 1 de septiembre de 2026

Primera Etapa Zamora Tabara 71, km

 
Partimos desde la histórica ciudad de Zamora dejando atrás lo los primeros metros de la ruta para adentrarnos en la meseta castellanoleonesa. La jornada arrancó con excelente talante tras haber repuesto fuerzas y compartido un buen té y café reconfortante para dar inicio a la marcha.

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Crónica de la 1ª etapa: De Zamora a Tábara



Primer desayuno en Montamarta

​La primera parada obligada nos llevó hasta Montamarta, lugar donde hicimos una pausa para desayunar en condiciones. Fue durante este tiempo de descanso cuando la expedición se completó al encontrarnos con Loli y Marimar. Transcurrió una hora y cuarto de risas, café y conversación animada en la mesa antes de volver a montar y retomar el camino.

​Al dejar atrás el desayuno, el perfil suave quedó atrás y la ruta nos mostró su cara más exigente. El terreno se transformó en un continuo "rompepiernas", alternando

pequeñas subidas y bajadas que ponían a prueba el ritmo de las piernas a cada paso. Sin embargo, el buen humor del grupo se mantuvo intacto.

​


Más adelante en el trayecto surgió el imprevisto de la jornada: nos encontramos a Antolín, quien se había quedado varado tras sufrir un pinchazo. Nos detuvimos a socorrerlo y, tras echarle una mano y dejar todo a punto, continuamos el viaje con total normalidad y sin más contratiempos.

​Cuando apenas nos restaban 10 kilómetros para alcanzar Tábara, evaluando el cansancio acumualdo y el firme del camino, tomamos la decisión estratégica de recorrer el último tramo llaneando directamente por carretera. Con esa decisión ágil, logramos llegar a nuestro destino final completando con éxito una etapa más del Camino.  Una vez en Tábara, celebramos el esfuerzo con una comida verdaderamente contundente. Después, una buena ducha y una siesta reparadora estas se encargaron del resto: todo reseteado y con los ánimos totalmente renovados para afrontar la etapa de mañana.

Fotos Dia UNO


lunes, 31 de agosto de 2026

Destino Zamora, en cuatro horas...

Bitácora de viaje: Rumbo a la aventura del Camino Sanabrés sobre dos ruedas

​El garaje huele cera de cadena, café recién hecho, --yo té por favor-- y una mezcla inconfundible de nervios y adrenalina. Tras meses de  planificación entre mapas y pantallas, el equipo está al completo: seis ciclistas listos para devorar kilómetros en BTT y dos acompañantes indispensables que garantizarán la logística de apoyo a lo largo de la ruta.

​La aventura empieza asfalto. Toca cargar el coche de apoyo y la furgoneta de alquiler, una auténtica obra de arte del empaquetado donde seis bicicletas de montaña, cascos, repuestos,  y el equipaje de ocho personas tienen que encajar con precisión milimétrica. Desde el corazón de Castilleja y Carrión nos ponemos en ruta con la vista puesta en el norte, rumbo a Zamora, la histórica antesala del Camino Sanabrés.

​Son algo más de ocho horas de trayecto en carretera, un viaje de ida ideal para calentar el ambiente, repasar los tracks del GPS y repartir los papeles de cada uno. Antes hicinos una parada en Zarza de Granadillas, Caceres, donde repusimos fuerzas en el mesón El Emigrante, desviandonos por el horario ya pasado ...

​Objetivo del día: Logística, cena y descanso en Zamora

​La llegada a Zamora marca el fin de la primera fase sobre cuatro ruedas y el inicio de la experiencia jacobea:

  • ​Punto de reunión: Check-in en el alojamiento, descarga de material y una primera revisión rápida del estado de las bicicletas, --la mia va en una bolsa y tengo que montar ruedas y manillar..
  • ​Sellado de la Credencial: Visita obligada a la emblemática Catedral de Zamora para conseguir el primer sello de la aventura.

​Mañana al amanecer se acaban los motores. Nos esperan la meseta zamorana, las pistas de las comarcas del Tera y Sanabria, y los duros puertos que conectan con la frondosa Galicia. Las bicicletas de montaña están listas, la grupeta está motivada y el Camino Sanabrés aguarda. ¡Mañana se pedalea!

​L. García.

martes, 21 de julio de 2026

La canoa de Punta Umbría: una tradición gravel entre marismas, pinos y agua

 Hay rutas que se recuerdan por su dureza, otras por los kilómetros acumulados y algunas, muy pocas, terminan convirtiéndose en una tradición. La que cada verano realizamos Juan Manuel Muñoz Luque y quien escribe por la costa occidental de Huelva pertenece a este último grupo.

No es una ruta para buscar récords ni para presumir de velocidad. Es una invitación a detener el tiempo, a pedalear sin prisas y a disfrutar de uno de los paisajes más singulares de Andalucía: el inmenso mosaico de marismas, pinares, playas y estuarios que se extiende entre Huelva y Punta Umbría.

Nuestra jornada comienza con un recorrido a ritmo cómodos con la bicicleta gravel. El trazado alterna zonas de sombra bajo los pinos con espacios abiertos donde el olor a sal y la brisa atlántica acompañan cada pedalada. A un lado aparecen las marismas, rebosantes de vida; al otro, los extensos pinares del litoral que hacen de este rincón un auténtico paraíso para los amantes de la naturaleza.

Durante el recorrido resulta fácil detenerse a observar paisajes y avifauna, mientras el paisaje cambia continuamente con las mareas. La luz de la costa onubense, especialmente en verano, convierte cualquier parada en una magnífica oportunidad para la fotografía.

El momento más esperado

Pero si hay un instante que convierte esta salida en algo especial es, sin duda, el regreso utilizando la histórica canoa que une Punta Umbría con Huelva.

Mientras muchos rodean toda la ría por por el carril bici que une las dos localidades, nosotros preferimos la alternativa más auténtica: embarcar junto a nuestras bicicletas y cruzar tranquilamente las aguas hasta la otra orilla.

Para Juan Manuel, el viaje concluye posteriormente en Bellavista, mientras que mi destino final vuelve a ser la ciudad de Huelva. Ese breve trayecto sobre el agua rompe completamente la rutina del pedaleo y aporta una sensación difícil de explicar. La bicicleta deja de rodar durante unos minutos para convertirse en pasajera, mientras el paisaje se contempla desde una perspectiva completamente diferente.

Cada verano esperamos ese instante con la misma ilusión. Se ha convertido en una pequeña tradición que marca el inicio de la temporada estival y que este año hemos querido repetir una vez más por la belleza, la tranquilidad y la paz que transmite todo el recorrido.

Una historia con más de un siglo

La conocida popularmente como la Canoa de Punta Umbría forma parte de la historia de la provincia de Huelva. Mucho antes de que existieran las modernas carreteras que comunican ambas localidades, este servicio era la principal vía de unión entre Punta Umbría y la capital.

Durante décadas este era el principal medio de comunicación entre Huelva y Punta Umbría que cruzaban diariamente la ría para desarrollar su vida cotidiana. Con el paso del tiempo dejó de ser una necesidad para convertirse en uno de los transportes más singulares y entrañables de la costa onubense.

Hoy continúa prestando servicio y permite, además, que bañistas y ciclistas crucen con sus bicicletas, ofreciendo una experiencia que combina movilidad sostenible, historia y turismo activo.

Subirse a la canoa supone mantener viva una pequeña parte del patrimonio de Huelva. Es recordar cómo se movían generaciones enteras antes de la construcción de los accesos actuales y comprender mejor la estrecha relación que siempre ha existido entre la ría y sus habitantes.

Una ruta para repetir

No todas las rutas necesitan grandes desniveles para emocionar. Algunas conquistan por el silencio de los pinares, el vuelo de las aves sobre las marismas, el sonido del agua y la tranquilidad de pedalear sin prisas.

La costa occidental de Huelva ofrece un escenario perfecto para disfrutar de la bicicleta gravel en cualquier época del año, aunque el verano añade ese ingrediente especial que supone finalizar la jornada cruzando la ría en la histórica canoa.

Si todavía no conoces este recorrido, anímate a descubrirlo. Recorre sus caminos, disfruta de sus paisajes y reserva unos minutos para vivir una travesía centenaria sobre el agua con tu bicicleta.

Quizá, como nos ha ocurrido a Juan Manuel Muñoz Luque y a mí, termines convirtiendo esta ruta en una tradición que desees repetir cada verano.

sábado, 27 de junio de 2026

Tres días de gravel entre Huelva y el Algarve


 Una aventura que recordaré siempre

Hay viajes que se preparan durante meses y otros que se viven durante años cada vez que se recuerdan. Nuestra escapada en bicicleta por el Algarve portugués fue una de esas experiencias que dejan huella. Tres amigos, tres bicicletas y tres jornadas de auténtico cicloturismo, donde hubo averías, preocupación, lluvia, paisajes inolvidables y, por supuesto, una buena dosis de gastronomía portuguesa.

Los protagonistas fuimos Lutgardo —el que escribe—, que partía desde Huelva; Juan Manuel, desde Bellavista, y Javier, desde La Monacilla. Nuestro objetivo era sencillo: recorrer durante tres días algunos de los rincones del Algarve oriental e interior para regresar de nuevo a casa por nuestros propios medios.

En total fueron 284,61 kilómetros, con 2.841 metros de desnivel positivo, según los registros del Suunto Vertical.


24 de junio

Primera etapa. Huelva - Santa Luzia (88,51 km | +515 m)

La aventura comenzó con un pequeño sobresalto.

Antes de iniciada la marcha la bicicleta de Juan Manuel sufrió una avería en la cadena. Durante unos minutos pensamos que el viaje podía complicarse incluso antes de empezar. Afortunadamente, entre los tres solucionamos el problema con rapidez y eficacia.

Le debia una llamada a Enrique

Y con la avería resuelta, nos pusimos a rodar.

El recorrido nos condujo hacia la desembocadura del Guadiana para cruzar posteriormente a Portugal. El único inconveniente serio de la jornada fue, curiosamente, el barco que une ambas orillas. Como ya es tradición, los horarios parecen ser orientativos más que reales y la espera terminó siendo bastante más larga de lo previsto.


Ya en territorio portugués, el paisaje comenzó a cambiar. Las marismas dejaron paso a las salinas y poco a poco aparecieron las primeras localidades del Algarve.

Llegamos a Tavira a la hora del almuerzo. Después de una comida, recorrimos tranquilamente la ciudad antes de afrontar los últimos kilómetros hasta Santa Luzia.

Y si Tavira es una joya, Santa Luzia es un pequeño tesoro marinero.

La cena no podía tener otro protagonista que el pulpo, preparado como manda la tradición portuguesa. Difícil encontrar un lugar mejor para recuperar fuerzas después de casi noventa kilómetros de pedaleo.

Sin embargo, mientras disfrutábamos de la tranquilidad de la ria, Javier comenzaba a comentar que algo no terminaba de funcionar bien en su sistema digestivo. En aquel momento ninguno imaginábamos lo que estaba por venir.

La primera etapa concluía con 88,51 kilómetros y 515 metros de desnivel positivo, una jornada agradable que apenas dejaba entrever la dureza del día siguiente.


25 de junio

Segunda etapa. Santa Luzia - Vaqueiros (89,90 km | +1.345 m)

La segunda jornada era, sobre el papel, la etapa reina del viaje.

Lo que no esperábamos era que la principal dificultad no fueran las montañas.

Durante toda la noche Javier apenas pudo descansar. Un importante desajuste intestinal le obligó a levantarse continuamente de la cama para ir al baño. La situación llegó a preocuparme seriamente. Por primera vez pensé que quizás tendríamos que suspender el viaje.

Aun así, con una enorme fuerza de voluntad, y su carácter asturiano decidió intentarlo.

Comenzamos a pedalear rumbo al interior del Algarve. Los kilómetros iniciales fueron tranquilos hasta que, al llegar a São Brás de Alportel, encontramos un cartel indicando que la carretera EN2 permanecía cerrada al tráfico.

Por suerte, Juan Manuel y Javier ya habían pasado anteriormente por ese tramo y sabían que las bicicletas podían continuar sin problemas.

Y fue una auténtica fortuna.

Solo tuvimos un pequeño despiste en la navegación, fácilmente corregido sin mayores consecuencias.

Recorrer la EN2 completamente vacía fue uno de los momentos más especiales del viaje.

 Durante kilómetros tuvimos para nosotros solos una carretera rodeada de montañas, bosques de alcornoques, monte autoctono y un paisaje de enorme belleza. Pedalear sin tráfico, únicamente acompañados por el sonido de las ruedas sobre el asfalto, fue un auténtico privilegio.

Poco antes de llegar a Barranco do Velho nos cruzamos con Rui, un cicloturista portugués que viajaba en completa autosuficiencia. ——Rui, Pedalar por uma causa nobre é muito mais do que percorrer quilómetros: é levar esperança, inspirar pessoas e mostrar que a força da vontade pode transformar vidas— Compartimos unos minutos de conversación antes de continuar la subida.

En Barranco do Velho hicimos una parada para comer unas tostas. Javier aprovechó también para tomar la medicación  que había comprado poco antes y comer un poco, afortunadamente, empezamos a notar una ligera mejoría en su estado.

Desde Barranco do Velho hasta Vaqueiros nuestra intención era completar el recorrido sin detenernos. Sin embargo, un cambio en la temperatura y una fina lluvia nos obligó a parar unos minutos para colocarnos los chubasqueros y unos kilometros mas adelante en Cachopo hicimos otra parada, yo tomé un Sumol, Juan Manuel un Helado y Javier no lo recuerdo, esta fue la última parada intermedia.    La llegada a Vaqueiros supuso un enorme alivio para todos. Habíamos superado la etapa más dura del viaje con 89,90 kilómetros y 1.345 metros de desnivel positivo. Más allá de las cifras, había sido una jornada de esfuerzo y superación.     La cena supo especialmente bien.

26 de junio

Tercera etapa. Vaqueiros - Huelva (106,20 km | +981 m)

El último día amaneció con una noticia que todos esperábamos.

Javier había mejorado considerablemente.

Después del desayuno emprendimos la etapa más larga del recorrido. Aunque acumulaba 106,20 kilómetros, gran parte del perfil era descendente en dirección a la costa, lo que permitía rodar con mayor comodidad.

El resto del recorrido transcurrió con absoluta normalidad. Poco a poco dejamos atrás las sierras del Algarve para volver a acercarnos al Guadiana y buscar el barco que nos devolvería a Ayamonte.

Esta vez, para sorpresa de todos, la espera fue mínima.

Después de cruzar el río hicimos una pequeña parada en Ayamonte para tomar un tentempié antes de afrontar los últimos kilómetros por la carretera N-431 hacia Huelva.

El cansancio empezaba a hacerse notar, pero también esa sensación tan especial que acompaña siempre al final de un viaje bien vivido.

Sin averías, sin incidentes y con la satisfacción de haber completado el reto, cada uno regresó a su punto de partida.

Habíamos recorrido 284,61 kilómetros, acumulado 2.841 metros de desnivel positivo y, sobre todo, compartido tres días de auténtico cicloturismo.


Mucho más que kilómetros

Cuando repasamos las estadísticas del GPS vemos distancias, tiempos y desniveles.
Pero el verdadero recuerdo está en otros lugares.
Está en aquella cadena rota nada antes de salir de la casa de Juan Manuel en Bellavusta
En la preocupación por el estado de Javier y en su enorme fortaleza para continuar.
En una carretera de la EN2 completamente vacía que parecía reservada únicamente para nosotros.
En el encuentro con Rui, viajando en autosuficiencia.
En la lluvia de Barranco do Velho a Cachopo.
En el pulpo de Santa Luzia.
En las tostas de Barranco do Velho.

Y en esa satisfacción silenciosa que solo conocen quienes, después de varios días de aventura, vuelven a casa sabiendo que han vivido algo que permanecerá para siempre en la memoria. Henry Morton Stanley

Porque las mejores rutas nunca terminan cuando se baja de la bicicleta. Continúan cada vez que se vuelve a montar en la bici.

Fotos

Video

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martes, 12 de mayo de 2026

Buscando lirios en el pinar con JMML

 Entre pinares húmedos, arena recién peinada por la lluvia y senderos que parecían guardar secretos bajo las ruedas, nació esta pequeña expedición botánica sobre bicicletas.

Todo empezó con una llamada a Juan Manuel. La idea inicial era sencilla: dar un paseo en bici de montaña por los pinares entre Aljaraque y Cartaya. Las lluvias de los últimos días habían dejado la arena más compacta, más amable para rodar, y aquello era una invitación difícil de rechazar. Llamé, respondió rápido y quedamos casi sin pensarlo. Ya sabemos cómo funcionan esas cosas entre ciclistas: uno propone “dar una vuelta” y acabas cruzando medio pinar. Cuando llegué, Juan Manuel soltó la propuesta del día:“Vamos a buscar lirios silvestres”. Y claro… a mí ní se me había ocurrido. Resulta que estamos en plena época. Ahí es donde entra esa memoria prodigiosa que tiene.

Porque hay personas que recuerdan dónde dejaron las llaves… y luego está Juan Manuel, que probablemente recuerde hasta dónde aparcó Aníbal los elefantes camino de Roma. Tener esa memoria tiene ventajas… y también inconvenientes. Porque acordarse absolutamente de todo debe ser una especie de castigo mitológico. Mi memoria, en cambio, es más humilde. Digamos que funciona como un Spectrum de los años 80: tarda en cargar, pita raro y a veces directamente aparece la pantalla negra. Y así arrancamos. Sendero tras sendero, cruzando los pinares que unen Aljaraque con Cartaya.

Zonas abiertas, pequeñas dunas interiores, caminos de arena compacta y rincones donde el olor a pino y hierba mojada parecía recién estrenado. El paisaje siempre es espectacular. Las lluvias habían resfrescado el monte y el verde y amarillo de la hierba secandose se mezclan con esa intensidad que es tipica en esta epoca del año . Al principio vimos algunos lirios aislados. Pequeños destellos violetas apareciendo entre el matorral y la arena. Como si el pinar hubiese dejado migas de pan para guiarnos. —Los lirios silvestres que aparecen por esta zona suelen pertenecer al grupo del Iris xiphium, conocido también como lirio español o lirio azul de mayo. Una planta bulbosa muy ligada a la peninsula y especialmente frecuente en pinares abiertos, claros de monte y terrenos arenosos—.

Lo curioso es que, aunque parecen flores delicadas, son bastante resistentes. Les gustan los suelos sueltos, arenosos, incluso algo húmedos tras las lluvias, y florecen normalmente entre abril y mayo, justo cuando la primavera empieza a calentarse de verdad. Sus flores suelen ser azul violeta con una banda amarilla muy llamativa, como si alguien hubiese pintado a mano una señal de aterrizaje para abejas e insectos. Y aunque hoy asociamos los lirios a jardines elegantes, estos nacen libres en mitad del monte, sin pedir permiso, entre jaras, tojos, romeros y pinos. Seguimos rodando. Casi cuarenta kilómetros recorridos por senderos de todo tipo. Algunos rápidos y fluidos. Otros más cerrados y rotos, obligándonos a serpentear entre raíces y arena blanda. En algunos tramos el silencio era absoluto, roto solo por el crujido de las ruedas y el sonido lejano de algún pájaro escondido entre los pinos.

Pasamos por zonas donde el monte parecía dormido y otras donde la primavera mostraba sus colores. Y mientras pedaleábamos, la búsqueda se convirtió casi en una excusa. Porque al final estas rutas no van solo de encontrar algo. Van de mirar más despacio. Y entonces llegó el premio. En la zona de la senda de La Batidora apareció una colonia bastante numerosa de lirios silvestres. Muchos aún cerrados, en estado de capullo, preparando el espectáculo para los próximos días. Allí estaban, esperando su momento, discretos todavía, pero prometiendo convertirse pronto en ejemplares preciosos. Capullos temporales y elegantes. No como otros tipos de capullos… que mantienen el estado durante toda la vida. Nos quedamos un rato observándolos y tomando fotos. Porque hay momentos en los que la bicicleta deja de ser deporte y se convierte simplemente en una forma de llegar a lugares donde todavía manda la naturaleza. Y eso fue realmente la mañana. No una ruta de BTT cualquiera. Fue una búsqueda improvisada entre pinares de Aljaraque y Cartaya. Un viaje pequeño, de esos que no salen en los mapas turísticos pero que terminan quedándose guardados en la memoria. Bueno… en la memoria de Juan Manuel seguro. En la mía espero al menos conservar una copia de seguridad.

Videos y fotos


miércoles, 29 de abril de 2026

Del BTT al gravel

Hay momentos en los que uno no cambia de bicicleta… sino de manera de entender el ciclismo 🚴‍♂️.

Juan Manuel Muñoz/ Lutgardo García
A veces surge en una conversación cualquiera, casi sin darle importancia. Como ese comentario de Juan Manuel sobre haber pasado por distintas etapas: carretera, BTT y, finalmente, gravel. Dicho así, parece una simple evolución de gustos, como quien cambia de música o de camisa favoritas. Pero si uno se detiene a observar con un poco más de calma, descubre que detrás de ese recorrido hay algo más profundo: una adaptación silenciosa del cuerpo, de la mente y de la forma en la que nos relacionamos con el terreno.

Con los años, el ciclista no pierde su esencia, pero sí afina su criterio. Lo que antes era pura reacción y explosividad empieza a transformarse en lectura, eficiencia y anticipación. Y en ese cambio, lejos de haber una renuncia, aparece una nueva manera de disfrutar: menos abrupta, más fluida, casi como si el pedaleo encontrara un ritmo más natural.

Este texto nace precisamente de esa reflexión. De entender por qué muchos ciclistas terminan encontrando en el gravel no un destino casual, sino un punto de equilibrio. Una forma distinta de seguir pedaleando… quizá con menos ruido, pero con mucho más sentido.

 Con el paso de los años, ciclistas que venimos del BTT técnico experimentamos una transición casi natural hacia el gravel. A menudo se percibe como una simple cuestión de preferencias, pero en realidad tiene una base técnica y fisiológica bastante sólida.

El BTT en senderos técnicos es una disciplina extremadamente exigente a nivel neuromuscular. Requiere una combinación constante de equilibrio dinámico, reflejos rápidos y una coordinación muy fina entre el tren superior e inferior. Cada raíz, piedra o cambio de pendiente obliga a realizar microajustes en milisegundos. Con el tiempo, el sistema propioceptivo —el encargado de informarnos sobre la posición y movimiento del cuerpo— pierde algo de precisión y velocidad. No desaparece, pero sí se vuelve menos eficiente para ese tipo de exigencias tan inmediatas.
Ruta Sierra de Paterna 2015 Muro de Pinguete


A esto se suma la pérdida progresiva de explosividad. Las fibras musculares rápidas (tipo II) , fundamentales para responder con fuerza instantánea ante obstáculos o cambios bruscos de ritmo, disminuyen su capacidad con la edad. En el BTT técnico esto se traduce en una menor capacidad para “corregir sobre la marcha”. Sin embargo, en el gravel, donde predomina un esfuerzo más sostenido y aeróbico, esta pérdida tiene mucho menos impacto.

Otro factor clave es el tiempo de reacción. Aunque la diferencia pueda parecer pequeña, en entornos técnicos marca la diferencia entre trazar con fluidez o acumular errores. El gravel, al desarrollarse en terrenos más predecibles, ofrece un margen de anticipación mucho mayor, lo que reduce la carga cognitiva y permite una experiencia más continua y menos estresante.

Precisamente esa carga mental es otro elemento determinante. El BTT técnico exige un procesamiento constante del entorno: elegir trazadas, anticipar obstáculos, gestionar riesgos. Con los años, aumenta el coste cognitivo de mantener ese nivel de atención prolongado. El resultado es una mayor fatiga mental y, en muchos casos, una menor tolerancia al estrés técnico. El gravel, en cambio, ofrece una dinámica más fluida, donde la toma de decisiones es menos intensa y más espaciada.

No hay que olvidar tampoco la evolución en la percepción del riesgo. La experiencia no solo mejora las habilidades, también afina el criterio. Con el tiempo, el ciclista evalúa mejor las consecuencias de una caída o un error, lo que lleva de forma natural a evitar situaciones de alta exposición. En este sentido, el paso al gravel no es una renuncia, sino una adaptación inteligente.

Lejos de suponer una pérdida, esta transición representa un cambio de perfil: de un ciclismo basado en la reactividad y la explosividad, a otro centrado en la eficiencia, la resistencia y la lectura del terreno. El gravel permite seguir disfrutando de largas rutas, exploración y rendimiento físico con un menor coste técnico y un riesgo más controlado.

Portugal 2024 Pomarão
Eso no implica abandonar por completo el BTT. Mantener sesiones ocasionales en terrenos menos técnicos ayuda a conservar habilidades de manejo, equilibrio y coordinación. Complementarlo con trabajo de fuerza —especialmente en core y tren superior— y ejercicios específicos de estabilidad puede marcar una gran diferencia en la longevidad deportiva.
En definitiva, lo que muchos ciclistas interpretan como una limitación es, en realidad, una evolución natural. Adaptarse a ella no solo permite seguir pedaleando durante más años, sino hacerlo con mayor disfrute, inteligencia y eficiencia.      
Nota;  Con apoyo de IA
Fuentes consultadas;
  • Envejecimiento neuromuscular y pérdida de fibras rápidas
    Vladimir M. Zatsiorsky
    Science and Practice of Strength Training
    Explica la disminución de la capacidad explosiva y cambios en fibras tipo II.
  • Propiocepción y control motor con la edad
    Richard A. Schmidt
    Motor Control and Learning
    Base sobre cómo cambia la precisión y velocidad de los ajustes motores.
  • Tiempo de reacción y envejecimiento
    Neurociencia del envejecimiento
    Amplia evidencia de que el procesamiento y respuesta motora se ralentizan ligeramente.
  • Fatiga cognitiva y toma de decisiones en deporte
    Samuele Marcora
    Estudios sobre percepción del esfuerzo y carga mental.
  • Resistencia aeróbica vs envejecimiento
    Edward Coyle
    Demuestra que la capacidad aeróbica se conserva mejor que la potencia explosiva con entrenamiento.
  • martes, 31 de marzo de 2026

    Guillena 2026

     Crónica de una jornada redonda del Grupo Choquero Biker en Guillena 🚵‍♂️☀️

    Guillena amaneció con ese cielo limpio que parece recién estrenado, sin una nube que discutiera el protagonismo al sol. Era uno de esos días en los que la meteorología no acompaña… sino que empuja. Y con ese telón de fondo, el Grupo Choquero Biker se lanzó al monte con el ánimo ya medio ganado antes de dar la primera pedalada.   La expedición, formada por Galgo, Iñaki, Barreiro, M. Area, M. Hidalgo, Lutgardo, José L. Ayllón, Jordi, Tino,Camacho, Francis, Juan Manuel y Moya, arrancó con puntualidad y ese murmullo previo que mezcla bromas, revisión de bicis y el inevitable “¿hoy quién tira del grupo?”.

    El recorrido, exigente pero agradecido, fue desgranándose entre carriles y pistas que parecían diseñados para disfrutar del BTT en estado puro. Subidas que pedían piernas y bajadas que regalaban sonrisas. La ruta no solo puso a prueba el físico, también reforzó ese espíritu de grupo que distingue a los Choqueros: nadie se queda atrás, y si se queda… se le espera con chascarrillo incluido 😄.

    Primera parada clave: El Ronquillo. Hidratación y ese momento sagrado donde las anécdotas empiezan a tomar forma. Entre risas y algún que otro comentario sobre trazado “mal elegidos”, el pelotón recuperó aliento antes de seguir devorando kilómetros.

    El siguiente alto en el camino fue el clásico Bar La Estacion, (Via Verde del Ronquillo) punto estratégico donde el avituallamiento adquiere categoría de ritual. Bebidas frescas, y mucho combustible para el buen humor y así afrontar la última subida. Aquí ya se respiraba ese ambiente de excursión memorable, donde la ruta empieza a convertirse en historia antes de terminar.

    De vuelta a Guillena, con el polvo del camino como medalla y el cansancio bien ganado, tocaba el broche final. Y qué broche. El grupo recaló en el Bar “La Casa del Pueblo”, donde la recompensa
    superó cualquier expectativa. Carne de primera, servida en su punto, capaz de reconciliar a cualquiera con el esfuerzo realizado. Y como colofón, unas torrijas tuneadas que rozaban lo artístico: dulces, contundentes y absolutamente inolvidables 🍽️🔥.

    El servicio, cercano y eficaz, jugó un papel clave. Porque cuando las fuerzas flaquean tras la ruta, una buena atención no solo alimenta… resucita. Y así fue: entre platos, brindis y comentarios cruzados, el cansancio se diluyó hasta desaparecer.

    La jornada dejó claro, una vez más, que estas salidas van mucho más allá del ciclismo. Son encuentros donde el compañerismo rueda al mismo ritmo que las bicicletas, donde cada parada suma y donde el verdadero premio no está solo en el destino, sino en el camino compartido.

    El Grupo Choquero Biker firmó en Guillena una de esas rutas que no se miden en kilómetros, sino en recuerdos. Y de esos, hubo para llenar varias alforjas 🚴‍♂️✨

    Anexo de incidencias y anécdotas: cuando la épica roza el suelo 🚴‍♂️😅

    Toda gran ruta tiene su pequeña intrahistoria, ese capítulo paralelo que no figura en el trazado del GPS pero sí en la memoria del grupo. En esta ocasión, el protagonismo —tan involuntario como inevitable— recayó en quien firma estas líneas.

    El episodio tuvo lugar en un tramo aparentemente inofensivo, de esos que invitan a bajar la guardia. Pero el ciclismo, como la vida, castiga los excesos… y también los descuidos y la falta de destreza. Unas ruedas más infladas de la cuenta, combinadas con un instante de confianza mal calibrada, bastaron para que la física hiciera su trabajo sin pedir permiso.

    La caída, leve en apariencia, fue de esas que se resuelven rápido en lo colectivo —“¿todo bien?”— pero dejan su firma en lo individual. El balance: golpe directo en el dedo gordo del pie izquierdo, acompañado de una molestia persistente que fue decreciendo con los minutos, como un tambor lejano que acaba apagandose.

    El diagnóstico, sin necesidad de bata blanca, apuntaba claro: moratón de manual y la seria sospecha de que la uña, noble compañera hasta entonces, podría no completar otro viaje. Un daño menor en lo deportivo, pero lo suficientemente expresivo como para recordar que el BTT también tiene su peaje.

    Lejos de empañar la jornada, el incidente se integró en el anecdotario del día con ese tono entre la sorna y la camaradería que define al grupo. Porque si algo quedó claro es que, en el universo Choquero Biker, hasta las caídas tienen su hueco… siempre que se puedan contar después.

    Y esta, sin duda, ya forma parte del repertorio 😉

    TRACK DE LA RUTA

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    DEL CAMINO SANABRÉS A LA MESA: UNA PAELLA, MUCHOS RECUERDOS Y UN TIRAMISÚ IRRESISTIBLE

      Casa de Francis, Castilleja | 8 de octubre de 2026 Hay aventuras que terminan cuando llegas a Santiago y otras que, por fortuna, continúan...