Casa de Francis, Castilleja | 8 de octubre de 2026
Hay aventuras que terminan cuando llegas a Santiago y otras que, por fortuna, continúan mucho después. La nuestra, la del Camino Sanabrés que recorrimos a principios de septiembre, ha demostrado que las mejores etapas no siempre se hacen sobre una bicicleta. Algunas se disfrutan alrededor de una mesa, entre recuerdos, risas y el placer de volver a encontrarse.
El pasado 8 de octubre nos reunimos en Casa de Francis, en Castilleja, para celebrar una comida que tenía mucho más de reencuentro que de simple cita gastronómica. A la convocatoria acudimos, por orden alfabético: Adán, Ana, Francis, José David, Juanfran, Juan Manuel, Loli, Marimar, Marisa y este que escribe. Dos nuevas incorporaciones, Ana y Marisa, se sumaron a quienes habíamos compartido aquella aventura por tierras sanabresas, ampliando así el círculo de una amistad que sigue creciendo.Francis se puso al mando de los fogones
El anfitrión y maestro arrocero de la jornada fue Francis, responsable de una paella que reunió todos los ingredientes necesarios para triunfar: buena materia prima, dedicación y, sobre todo, muchas ganas de compartir. Como corresponde a un grupo bien avenido, los demás también arrimaron el hombro con sus aportaciones, porque aquí las cosas funcionan como en el Camino: cada cual pone lo que puede y todos terminamos disfrutando del resultado. Y el resultado estuvo a la altura. La paella fue la protagonista gastronómica, aunque no la única. La conversación iba de plato en plato, saltando de los recuerdos del viaje a las anécdotas personales, entre bromas y comentarios que demostraban que el compañerismo no se quedó en los caminos de septiembre.
Mención especial merece la magnífica fotografía de gran formato que aportaron Juan Manuel y Ana. Una imagen de esas que no necesitan demasiadas explicaciones: basta con mirarla para que vuelvan a la memoria los paisajes, los kilómetros, los esfuerzos compartidos y esos momentos que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en parte de nuestra pequeña historia.
La puntualidad, esa costumbre que también hemos conquistado
La convocatoria estaba fijada para las 13:30 horas y hay que reconocer que la puntualidad fue una de las grandes protagonistas de la jornada. Desde el comienzo hasta el final, la reunión transcurrió con ese espíritu de organización y compromiso que ya nos gustaría encontrar en más de una etapa de nuestras aventuras ciclistas.Si en el Camino aprendimos a madrugar, preparar las bicicletas y ponernos en marcha, en Castilleja demostramos que también sabemos cumplir con una cita cuando el recorrido conduce directamente a una buena paella. Cada cual tiene sus motivaciones, y no todas necesitan un cuentakilómetros.
Y llegó mi momento favorito: ¡los postres!
Confieso que, si la paella fue la estrella de la comida, los postres jugaron en otra liga. Quienes me conocen saben que el apartado dulce ocupa un lugar destacado entre mis preferencias gastronómicas. Por eso, cuando apareció aquella generosa carta de tentaciones, con sus pasteles y, especialmente, un estupendo tiramisú, empezó para mí una etapa de máxima exigencia. El tiramisú fue mi debilidad, obra de Loli y desde aquí la felicito por `N`veces. Aquella combinación de cremosidad, sabor y textura puso a prueba mi fuerza de voluntad mucho más que alguna de las rampas que encontramos durante el Camino Sanabrés. Tuve que realizar un esfuerzo verdaderamente extraordinario para no repetir por cuarta vez. Sí, por cuarta vez. Hay sacrificios que solo quienes han compartido una buena mesa pueden comprender, y todavía me pregunto si aquella renuncia merece figurar en mi historial deportivo como una prueba de resistencia psicológica.Al final, logré contenerme. No sin esfuerzo, naturalmente. Porque una cosa es llegar a Santiago después de muchos kilómetros y otra muy distinta enfrentarse a un tiramisú que parece decirte que todavía queda una última oportunidad.
Lo mejor no estaba en el plato, sino alrededor de la mesa
Más allá de la paella, la fotografía y los postres, lo verdaderamente importante fue comprobar que el buen rollo y el compañerismo que nos acompañaron durante el Camino siguen intactos. No hubo que esperar a que aparecieran las bicicletas para reconocer al grupo: bastaron las conversaciones, las bromas, las muestras de cariño y esa facilidad para compartir el tiempo sin mirar el reloj.
Porque una aventura de este tipo no consiste únicamente en completar kilómetros o alcanzar una meta. También consiste en descubrir que, después del esfuerzo, queda algo mucho más duradero: la confianza, la amistad y las ganas de seguir viviendo experiencias juntos.
Gracias a Francis y Loli por abrirnos las puertas de su casa y regalarnos una paella magnífica; gracias a todos por sus aportaciones y por contribuir a que la jornada saliera tan bien; gracias a Juan Manuel y Ana por esa fotografía que nos permitirá conservar vivo el recuerdo; y gracias también a Ana y Marisa por incorporarse a esta reunión y compartir con nosotros una jornada tan agradable.—También fue una alegría especial compartir este encuentro con Ana, la esposa de Juan Manuel, a quien hacía muchos años que no veía. En nuestra juventud coincidimos en las mismas pandillas y compartimos aquella etapa de la vida que siempre se recuerda con cariño. Cuando la vi, me llevé una grata sorpresa, pues la reconocí enseguida: conserva un aspecto inconfundible que me permitió identificarla al instante.—
Y, por supuesto, gracias a todos por mantener ese espíritu de grupo que hizo especial nuestro Camino Sanabrés y que volvió a hacerse presente en Castilleja.
La próxima aventura, cuanto antes
Nos despedimos con la satisfacción de haber pasado un día estupendo, con el estómago bien atendido y las baterías de la amistad nuevamente cargadas. Pero sería un error pensar que aquí termina la historia.
Las bicicletas pueden descansar, pero las ganas de aventura siguen en marcha.
Ojalá no tardemos demasiado en organizar una nueva escapada, sea sobre dos ruedas, por otros caminos o en cualquier lugar que nos permita seguir acumulando kilómetros, paisajes y recuerdos. El destino, en realidad, es lo de menos; lo importante es la compañía.
Eso sí, conviene no demorarse mucho. Porque, si la próxima propuesta tarda demasiado en llegar, me temo que tendré que tomar cartas en el asunto y empezar a plantear nuevas aventuras con el mismo formato: buena compañía, organización, alguna ruta interesante y, a ser posible, una mesa generosa esperando a la llegada.
Queda dicho. Que nadie se sorprenda si pronto aparece una nueva propuesta en el grupo.
Porque el Camino Sanabrés terminó en septiembre, pero nuestra aventura como grupo sigue abierta. Y todavía nos quedan muchos caminos por recorrer, muchas mesas por compartir y muchos brindis por celebrar. Termino con una frase de Joseph Conrad. ¨...El mejor viaje que he realizado siempre será el próximo...
¡Hasta la próxima, compañer@s! 🚴♂️🥂





