Entre pinares húmedos, arena recién peinada por la lluvia y senderos que parecían guardar secretos bajo las ruedas, nació esta pequeña expedición botánica sobre bicicletas.
Todo empezó con una llamada a Juan Manuel. La idea inicial era sencilla: dar un paseo en bici de montaña por los pinares entre Aljaraque y Cartaya. Las lluvias de los últimos días habían dejado la arena más compacta, más amable para rodar, y aquello era una invitación difícil de rechazar. Llamé, respondió rápido y quedamos casi sin pensarlo. Ya sabemos cómo funcionan esas cosas entre ciclistas: uno propone “dar una vuelta” y acabas cruzando medio pinar. Cuando llegué, Juan Manuel soltó la propuesta del día:“Vamos a buscar lirios silvestres”. Y claro… a mí ní se me había ocurrido. Resulta que estamos en plena época. Ahí es donde entra esa memoria prodigiosa que tiene.Porque hay personas que recuerdan dónde dejaron las llaves… y luego está Juan Manuel, que probablemente recuerde hasta dónde aparcó Aníbal los elefantes camino de Roma. Tener esa memoria tiene ventajas… y también inconvenientes. Porque acordarse absolutamente de todo debe ser una especie de castigo mitológico. Mi memoria, en cambio, es más humilde. Digamos que funciona como un Spectrum de los años 80: tarda en cargar, pita raro y a veces directamente aparece la pantalla negra. Y así arrancamos. Sendero tras sendero, cruzando los pinares que unen Aljaraque con Cartaya.Zonas abiertas, pequeñas dunas interiores, caminos de arena compacta y rincones donde el olor a pino y hierba mojada parecía recién estrenado. El paisaje siempre es espectacular. Las lluvias habían resfrescado el monte y el verde y amarillo de la hierba secandose se mezclan con esa intensidad que es tipica en esta epoca del año . Al principio vimos algunos lirios aislados. Pequeños destellos violetas apareciendo entre el matorral y la arena. Como si el pinar hubiese dejado migas de pan para guiarnos. —Los lirios silvestres que aparecen por esta zona suelen pertenecer al grupo del Iris xiphium, conocido también como lirio español o lirio azul de mayo. Una planta bulbosa muy ligada a la peninsula y especialmente frecuente en pinares abiertos, claros de monte y terrenos arenosos—.
Lo curioso es que, aunque parecen flores delicadas, son bastante resistentes. Les gustan los suelos sueltos, arenosos, incluso algo húmedos tras las lluvias, y florecen normalmente entre abril y mayo, justo cuando la primavera empieza a calentarse de verdad. Sus flores suelen ser azul violeta con una banda amarilla muy llamativa, como si alguien hubiese pintado a mano una señal de aterrizaje para abejas e insectos. Y aunque hoy asociamos los lirios a jardines elegantes, estos nacen libres en mitad del monte, sin pedir permiso, entre jaras, tojos, romeros y pinos. Seguimos rodando. Casi cuarenta kilómetros recorridos por senderos de todo tipo. Algunos rápidos y fluidos. Otros más cerrados y rotos, obligándonos a serpentear entre raíces y arena blanda. En algunos tramos el silencio era absoluto, roto solo por el crujido de las ruedas y el sonido lejano de algún pájaro escondido entre los pinos.Pasamos por zonas donde el monte parecía dormido y otras donde la primavera mostraba sus colores. Y mientras pedaleábamos, la búsqueda se convirtió casi en una excusa. Porque al final estas rutas no van solo de encontrar algo. Van de mirar más despacio. Y entonces llegó el premio. En la zona de la senda de La Batidora apareció una colonia bastante numerosa de lirios silvestres. Muchos aún cerrados, en estado de capullo, preparando el espectáculo para los próximos días. Allí estaban, esperando su momento, discretos todavía, pero prometiendo convertirse pronto en ejemplares preciosos. Capullos temporales y elegantes. No como otros tipos de capullos… que mantienen el estado durante toda la vida. Nos quedamos un rato observándolos y tomando fotos. Porque hay momentos en los que la bicicleta deja de ser deporte y se convierte simplemente en una forma de llegar a lugares donde todavía manda la naturaleza. Y eso fue realmente la mañana. No una ruta de BTT cualquiera. Fue una búsqueda improvisada entre pinares de Aljaraque y Cartaya. Un viaje pequeño, de esos que no salen en los mapas turísticos pero que terminan quedándose guardados en la memoria. Bueno… en la memoria de Juan Manuel seguro. En la mía espero al menos conservar una copia de seguridad.






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