sábado, 27 de junio de 2026

Tres días de gravel entre Huelva y el Algarve

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 Una aventura que recordaré siempre

Hay viajes que se preparan durante meses y otros que se viven durante años cada vez que se recuerdan. Nuestra escapada en bicicleta por el Algarve portugués fue una de esas experiencias que dejan huella. Tres amigos, tres bicicletas y tres jornadas de auténtico cicloturismo, donde hubo averías, preocupación, lluvia, paisajes inolvidables y, por supuesto, una buena dosis de gastronomía portuguesa.

Los protagonistas fuimos Lutgardo, que partía desde Huelva; Juan Manuel, desde Bellavista, y Javier, desde La Monacilla. Nuestro objetivo era sencillo: recorrer durante tres días algunos de los rincones del Algarve oriental e interior para regresar de nuevo a casa por nuestros propios medios.

En total fueron 284,61 kilómetros, con 2.841 metros de desnivel positivo, según los registros del Suunto Vertical.


24 de junio

Primera etapa. Huelva - Santa Luzia (88,51 km | +515 m)

La aventura comenzó con un pequeño sobresalto.

Antes de iniciada la marcha la bicicleta de Juan Manuel sufrió una avería en la cadena. Durante unos minutos pensamos que el viaje podía complicarse incluso antes de empezar. Afortunadamente, entre los tres solucionamos el problema con rapidez y eficacia.

Le debia una llamada a Enrique

Y con la avería resuelta, nos pusimos a rodar.

El recorrido nos condujo hacia la desembocadura del Guadiana para cruzar posteriormente a Portugal. El único inconveniente serio de la jornada fue, curiosamente, el barco que une ambas orillas. Como ya es tradición, los horarios parecen ser orientativos más que reales y la espera terminó siendo bastante más larga de lo previsto.


Ya en territorio portugués, el paisaje comenzó a cambiar. Las marismas dejaron paso a las salinas y poco a poco aparecieron las primeras localidades del Algarve.

Llegamos a Tavira a la hora del almuerzo. Después de una comida, recorrimos tranquilamente la ciudad antes de afrontar los últimos kilómetros hasta Santa Luzia.

Y si Tavira es una joya, Santa Luzia es un pequeño tesoro marinero.

La cena no podía tener otro protagonista que el pulpo, preparado como manda la tradición portuguesa. Difícil encontrar un lugar mejor para recuperar fuerzas después de casi noventa kilómetros de pedaleo.

Sin embargo, mientras disfrutábamos de la tranquilidad de la ria, Javier comenzaba a comentar que algo no terminaba de funcionar bien en su sistema digestivo. En aquel momento ninguno imaginábamos lo que estaba por venir.

La primera etapa concluía con 88,51 kilómetros y 515 metros de desnivel positivo, una jornada agradable que apenas dejaba entrever la dureza del día siguiente.


25 de junio

Segunda etapa. Santa Luzia - Vaqueiros (89,90 km | +1.345 m)

La segunda jornada era, sobre el papel, la etapa reina del viaje.

Lo que no esperábamos era que la principal dificultad no fueran las montañas.

Durante toda la noche Javier apenas pudo descansar. Un importante desajuste intestinal le obligó a levantarse continuamente de la cama para ir al baño. La situación llegó a preocuparme seriamente. Por primera vez pensé que quizás tendríamos que suspender el viaje.

Aun así, con una enorme fuerza de voluntad, y su carácter asturiano decidió intentarlo.

Comenzamos a pedalear rumbo al interior del Algarve. Los kilómetros iniciales fueron tranquilos hasta que, al llegar a São Brás de Alportel, encontramos un cartel indicando que la carretera EN2 permanecía cerrada al tráfico.

Por suerte, Juan Manuel y Javier ya habían pasado anteriormente por ese tramo y sabían que las bicicletas podían continuar sin problemas.

Y fue una auténtica fortuna.

Solo tuvimos un pequeño despiste en la navegación, fácilmente corregido sin mayores consecuencias.

Recorrer la EN2 completamente vacía fue uno de los momentos más especiales del viaje.

 Durante kilómetros tuvimos para nosotros solos una carretera rodeada de montañas, bosques de alcornoques, monte autoctono y un paisaje de enorme belleza. Pedalear sin tráfico, únicamente acompañados por el sonido de las ruedas sobre el asfalto, fue un auténtico privilegio.

Poco antes de llegar a Barranco do Velho nos cruzamos con Rui, un cicloturista portugués que viajaba en completa autosuficiencia. ——Rui, Pedalar por uma causa nobre é muito mais do que percorrer quilómetros: é levar esperança, inspirar pessoas e mostrar que a força da vontade pode transformar vidas— Compartimos unos minutos de conversación antes de continuar la subida.

En Barranco do Velho hicimos una parada para comer unas tostas. Javier aprovechó también para tomar la medicación  que había comprado poco antes y comer un poco, afortunadamente, empezamos a notar una ligera mejoría en su estado.

Desde Barranco do Velho hasta Vaqueiros nuestra intención era completar el recorrido sin detenernos. Sin embargo, un cambio en la temperatura y una fina lluvia nos obligó a parar unos minutos para colocarnos los chubasqueros y unos kilometros mas adelante en Cachopo hicimos otra parada, yo tomé un Sumol, Juan Manuel un Helado y Javier no lo recuerdo, esta fue la última parada intermedia.    La llegada a Vaqueiros supuso un enorme alivio para todos. Habíamos superado la etapa más dura del viaje con 89,90 kilómetros y 1.345 metros de desnivel positivo. Más allá de las cifras, había sido una jornada de esfuerzo y superación.     La cena supo especialmente bien.

26 de junio

Tercera etapa. Vaqueiros - Huelva (106,20 km | +981 m)

El último día amaneció con una noticia que todos esperábamos.

Javier había mejorado considerablemente.

Después del desayuno emprendimos la etapa más larga del recorrido. Aunque acumulaba 106,20 kilómetros, gran parte del perfil era descendente en dirección a la costa, lo que permitía rodar con mayor comodidad.

El resto del recorrido transcurrió con absoluta normalidad. Poco a poco dejamos atrás las sierras del Algarve para volver a acercarnos al Guadiana y buscar el barco que nos devolvería a Ayamonte.

Esta vez, para sorpresa de todos, la espera fue mínima.

Después de cruzar el río hicimos una pequeña parada en Ayamonte para tomar un tentempié antes de afrontar los últimos kilómetros por la carretera N-431 hacia Huelva.

El cansancio empezaba a hacerse notar, pero también esa sensación tan especial que acompaña siempre al final de un viaje bien vivido.

Sin averías, sin incidentes y con la satisfacción de haber completado el reto, cada uno regresó a su punto de partida.

Habíamos recorrido 284,61 kilómetros, acumulado 2.841 metros de desnivel positivo y, sobre todo, compartido tres días de auténtico cicloturismo.


Mucho más que kilómetros

Cuando repasamos las estadísticas del GPS vemos distancias, tiempos y desniveles.
Pero el verdadero recuerdo está en otros lugares.
Está en aquella cadena rota nada antes de salir de la casa de Juan Manuel en Bellavusta
En la preocupación por el estado de Javier y en su enorme fortaleza para continuar.
En una carretera de la EN2 completamente vacía que parecía reservada únicamente para nosotros.
En el encuentro con Rui, viajando en autosuficiencia.
En la lluvia de Barranco do Velho a Cachopo.
En el pulpo de Santa Luzia.
En las tostas de Barranco do Velho.

Y en esa satisfacción silenciosa que solo conocen quienes, después de varios días de aventura, vuelven a casa sabiendo que han vivido algo que permanecerá para siempre en la memoria. Henry Morton Stanley

Porque las mejores rutas nunca terminan cuando se baja de la bicicleta. Continúan cada vez que se vuelve a montar en la bici.

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TRACK dia uno    TRACK día dos  TRACK día tres

martes, 12 de mayo de 2026

Buscando lirios en el pinar con JMML

 Entre pinares húmedos, arena recién peinada por la lluvia y senderos que parecían guardar secretos bajo las ruedas, nació esta pequeña expedición botánica sobre bicicletas.

Todo empezó con una llamada a Juan Manuel. La idea inicial era sencilla: dar un paseo en bici de montaña por los pinares entre Aljaraque y Cartaya. Las lluvias de los últimos días habían dejado la arena más compacta, más amable para rodar, y aquello era una invitación difícil de rechazar. Llamé, respondió rápido y quedamos casi sin pensarlo. Ya sabemos cómo funcionan esas cosas entre ciclistas: uno propone “dar una vuelta” y acabas cruzando medio pinar. Cuando llegué, Juan Manuel soltó la propuesta del día:“Vamos a buscar lirios silvestres”. Y claro… a mí ní se me había ocurrido. Resulta que estamos en plena época. Ahí es donde entra esa memoria prodigiosa que tiene.

Porque hay personas que recuerdan dónde dejaron las llaves… y luego está Juan Manuel, que probablemente recuerde hasta dónde aparcó Aníbal los elefantes camino de Roma. Tener esa memoria tiene ventajas… y también inconvenientes. Porque acordarse absolutamente de todo debe ser una especie de castigo mitológico. Mi memoria, en cambio, es más humilde. Digamos que funciona como un Spectrum de los años 80: tarda en cargar, pita raro y a veces directamente aparece la pantalla negra. Y así arrancamos. Sendero tras sendero, cruzando los pinares que unen Aljaraque con Cartaya.

Zonas abiertas, pequeñas dunas interiores, caminos de arena compacta y rincones donde el olor a pino y hierba mojada parecía recién estrenado. El paisaje siempre es espectacular. Las lluvias habían resfrescado el monte y el verde y amarillo de la hierba secandose se mezclan con esa intensidad que es tipica en esta epoca del año . Al principio vimos algunos lirios aislados. Pequeños destellos violetas apareciendo entre el matorral y la arena. Como si el pinar hubiese dejado migas de pan para guiarnos. —Los lirios silvestres que aparecen por esta zona suelen pertenecer al grupo del Iris xiphium, conocido también como lirio español o lirio azul de mayo. Una planta bulbosa muy ligada a la peninsula y especialmente frecuente en pinares abiertos, claros de monte y terrenos arenosos—.

Lo curioso es que, aunque parecen flores delicadas, son bastante resistentes. Les gustan los suelos sueltos, arenosos, incluso algo húmedos tras las lluvias, y florecen normalmente entre abril y mayo, justo cuando la primavera empieza a calentarse de verdad. Sus flores suelen ser azul violeta con una banda amarilla muy llamativa, como si alguien hubiese pintado a mano una señal de aterrizaje para abejas e insectos. Y aunque hoy asociamos los lirios a jardines elegantes, estos nacen libres en mitad del monte, sin pedir permiso, entre jaras, tojos, romeros y pinos. Seguimos rodando. Casi cuarenta kilómetros recorridos por senderos de todo tipo. Algunos rápidos y fluidos. Otros más cerrados y rotos, obligándonos a serpentear entre raíces y arena blanda. En algunos tramos el silencio era absoluto, roto solo por el crujido de las ruedas y el sonido lejano de algún pájaro escondido entre los pinos.

Pasamos por zonas donde el monte parecía dormido y otras donde la primavera mostraba sus colores. Y mientras pedaleábamos, la búsqueda se convirtió casi en una excusa. Porque al final estas rutas no van solo de encontrar algo. Van de mirar más despacio. Y entonces llegó el premio. En la zona de la senda de La Batidora apareció una colonia bastante numerosa de lirios silvestres. Muchos aún cerrados, en estado de capullo, preparando el espectáculo para los próximos días. Allí estaban, esperando su momento, discretos todavía, pero prometiendo convertirse pronto en ejemplares preciosos. Capullos temporales y elegantes. No como otros tipos de capullos… que mantienen el estado durante toda la vida. Nos quedamos un rato observándolos y tomando fotos. Porque hay momentos en los que la bicicleta deja de ser deporte y se convierte simplemente en una forma de llegar a lugares donde todavía manda la naturaleza. Y eso fue realmente la mañana. No una ruta de BTT cualquiera. Fue una búsqueda improvisada entre pinares de Aljaraque y Cartaya. Un viaje pequeño, de esos que no salen en los mapas turísticos pero que terminan quedándose guardados en la memoria. Bueno… en la memoria de Juan Manuel seguro. En la mía espero al menos conservar una copia de seguridad.

Videos y fotos


miércoles, 29 de abril de 2026

Del BTT al gravel

Hay momentos en los que uno no cambia de bicicleta… sino de manera de entender el ciclismo 🚴‍♂️.

Juan Manuel Muñoz/ Lutgardo García
A veces surge en una conversación cualquiera, casi sin darle importancia. Como ese comentario de Juan Manuel sobre haber pasado por distintas etapas: carretera, BTT y, finalmente, gravel. Dicho así, parece una simple evolución de gustos, como quien cambia de música o de camisa favoritas. Pero si uno se detiene a observar con un poco más de calma, descubre que detrás de ese recorrido hay algo más profundo: una adaptación silenciosa del cuerpo, de la mente y de la forma en la que nos relacionamos con el terreno.

Con los años, el ciclista no pierde su esencia, pero sí afina su criterio. Lo que antes era pura reacción y explosividad empieza a transformarse en lectura, eficiencia y anticipación. Y en ese cambio, lejos de haber una renuncia, aparece una nueva manera de disfrutar: menos abrupta, más fluida, casi como si el pedaleo encontrara un ritmo más natural.

Este texto nace precisamente de esa reflexión. De entender por qué muchos ciclistas terminan encontrando en el gravel no un destino casual, sino un punto de equilibrio. Una forma distinta de seguir pedaleando… quizá con menos ruido, pero con mucho más sentido.

 Con el paso de los años, ciclistas que venimos del BTT técnico experimentamos una transición casi natural hacia el gravel. A menudo se percibe como una simple cuestión de preferencias, pero en realidad tiene una base técnica y fisiológica bastante sólida.

El BTT en senderos técnicos es una disciplina extremadamente exigente a nivel neuromuscular. Requiere una combinación constante de equilibrio dinámico, reflejos rápidos y una coordinación muy fina entre el tren superior e inferior. Cada raíz, piedra o cambio de pendiente obliga a realizar microajustes en milisegundos. Con el tiempo, el sistema propioceptivo el encargado de informarnos sobre la posición y movimiento del cuerpo— pierde algo de precisión y velocidad. No desaparece, pero sí se vuelve menos eficiente para ese tipo de exigencias tan inmediatas.
Ruta Sierra de Paterna 2015 Muro de Pinguete


A esto se suma la pérdida progresiva de explosividad. Las fibras musculares rápidas (tipo II) , fundamentales para responder con fuerza instantánea ante obstáculos o cambios bruscos de ritmo, disminuyen su capacidad con la edad. En el BTT técnico esto se traduce en una menor capacidad para “corregir sobre la marcha”. Sin embargo, en el gravel, donde predomina un esfuerzo más sostenido y aeróbico, esta pérdida tiene mucho menos impacto.

Otro factor clave es el tiempo de reacción. Aunque la diferencia pueda parecer pequeña, en entornos técnicos marca la diferencia entre trazar con fluidez o acumular errores. El gravel, al desarrollarse en terrenos más predecibles, ofrece un margen de anticipación mucho mayor, lo que reduce la carga cognitiva y permite una experiencia más continua y menos estresante.

Precisamente esa carga mental es otro elemento determinante. El BTT técnico exige un procesamiento constante del entorno: elegir trazadas, anticipar obstáculos, gestionar riesgos. Con los años, aumenta el coste cognitivo de mantener ese nivel de atención prolongado. El resultado es una mayor fatiga mental y, en muchos casos, una menor tolerancia al estrés técnico. El gravel, en cambio, ofrece una dinámica más fluida, donde la toma de decisiones es menos intensa y más espaciada.

No hay que olvidar tampoco la evolución en la percepción del riesgo. La experiencia no solo mejora las habilidades, también afina el criterio. Con el tiempo, el ciclista evalúa mejor las consecuencias de una caída o un error, lo que lleva de forma natural a evitar situaciones de alta exposición. En este sentido, el paso al gravel no es una renuncia, sino una adaptación inteligente.

Lejos de suponer una pérdida, esta transición representa un cambio de perfil: de un ciclismo basado en la reactividad y la explosividad, a otro centrado en la eficiencia, la resistencia y la lectura del terreno. El gravel permite seguir disfrutando de largas rutas, exploración y rendimiento físico con un menor coste técnico y un riesgo más controlado.

Portugal 2024 Pomarão
Eso no implica abandonar por completo el BTT. Mantener sesiones ocasionales en terrenos menos técnicos ayuda a conservar habilidades de manejo, equilibrio y coordinación. Complementarlo con trabajo de fuerza —especialmente en core y tren superior— y ejercicios específicos de estabilidad puede marcar una gran diferencia en la longevidad deportiva.
En definitiva, lo que muchos ciclistas interpretan como una limitación es, en realidad, una evolución natural. Adaptarse a ella no solo permite seguir pedaleando durante más años, sino hacerlo con mayor disfrute, inteligencia y eficiencia.      
Nota;  Con apoyo de IA
Fuentes consultadas;
  • Envejecimiento neuromuscular y pérdida de fibras rápidas
    Vladimir M. Zatsiorsky
    Science and Practice of Strength Training
    Explica la disminución de la capacidad explosiva y cambios en fibras tipo II.
  • Propiocepción y control motor con la edad
    Richard A. Schmidt
    Motor Control and Learning
    Base sobre cómo cambia la precisión y velocidad de los ajustes motores.
  • Tiempo de reacción y envejecimiento
    Neurociencia del envejecimiento
    Amplia evidencia de que el procesamiento y respuesta motora se ralentizan ligeramente.
  • Fatiga cognitiva y toma de decisiones en deporte
    Samuele Marcora
    Estudios sobre percepción del esfuerzo y carga mental.
  • Resistencia aeróbica vs envejecimiento
    Edward Coyle
    Demuestra que la capacidad aeróbica se conserva mejor que la potencia explosiva con entrenamiento.
  • martes, 31 de marzo de 2026

    Guillena 2026

     Crónica de una jornada redonda del Grupo Choquero Biker en Guillena 🚵‍♂️☀️

    Guillena amaneció con ese cielo limpio que parece recién estrenado, sin una nube que discutiera el protagonismo al sol. Era uno de esos días en los que la meteorología no acompaña… sino que empuja. Y con ese telón de fondo, el Grupo Choquero Biker se lanzó al monte con el ánimo ya medio ganado antes de dar la primera pedalada.   La expedición, formada por Galgo, Iñaki, Barreiro, M. Area, M. Hidalgo, Lutgardo, José L. Ayllón, Jordi, Tino,Camacho, Francis, Juan Manuel y Moya, arrancó con puntualidad y ese murmullo previo que mezcla bromas, revisión de bicis y el inevitable “¿hoy quién tira del grupo?”.

    El recorrido, exigente pero agradecido, fue desgranándose entre carriles y pistas que parecían diseñados para disfrutar del BTT en estado puro. Subidas que pedían piernas y bajadas que regalaban sonrisas. La ruta no solo puso a prueba el físico, también reforzó ese espíritu de grupo que distingue a los Choqueros: nadie se queda atrás, y si se queda… se le espera con chascarrillo incluido 😄.

    Primera parada clave: El Ronquillo. Hidratación y ese momento sagrado donde las anécdotas empiezan a tomar forma. Entre risas y algún que otro comentario sobre trazado “mal elegidos”, el pelotón recuperó aliento antes de seguir devorando kilómetros.

    El siguiente alto en el camino fue el clásico Bar La Estacion, (Via Verde del Ronquillo) punto estratégico donde el avituallamiento adquiere categoría de ritual. Bebidas frescas, y mucho combustible para el buen humor y así afrontar la última subida. Aquí ya se respiraba ese ambiente de excursión memorable, donde la ruta empieza a convertirse en historia antes de terminar.

    De vuelta a Guillena, con el polvo del camino como medalla y el cansancio bien ganado, tocaba el broche final. Y qué broche. El grupo recaló en el Bar “La Casa del Pueblo”, donde la recompensa
    superó cualquier expectativa. Carne de primera, servida en su punto, capaz de reconciliar a cualquiera con el esfuerzo realizado. Y como colofón, unas torrijas tuneadas que rozaban lo artístico: dulces, contundentes y absolutamente inolvidables 🍽️🔥.

    El servicio, cercano y eficaz, jugó un papel clave. Porque cuando las fuerzas flaquean tras la ruta, una buena atención no solo alimenta… resucita. Y así fue: entre platos, brindis y comentarios cruzados, el cansancio se diluyó hasta desaparecer.

    La jornada dejó claro, una vez más, que estas salidas van mucho más allá del ciclismo. Son encuentros donde el compañerismo rueda al mismo ritmo que las bicicletas, donde cada parada suma y donde el verdadero premio no está solo en el destino, sino en el camino compartido.

    El Grupo Choquero Biker firmó en Guillena una de esas rutas que no se miden en kilómetros, sino en recuerdos. Y de esos, hubo para llenar varias alforjas 🚴‍♂️✨

    Anexo de incidencias y anécdotas: cuando la épica roza el suelo 🚴‍♂️😅

    Toda gran ruta tiene su pequeña intrahistoria, ese capítulo paralelo que no figura en el trazado del GPS pero sí en la memoria del grupo. En esta ocasión, el protagonismo —tan involuntario como inevitable— recayó en quien firma estas líneas.

    El episodio tuvo lugar en un tramo aparentemente inofensivo, de esos que invitan a bajar la guardia. Pero el ciclismo, como la vida, castiga los excesos… y también los descuidos y la falta de destreza. Unas ruedas más infladas de la cuenta, combinadas con un instante de confianza mal calibrada, bastaron para que la física hiciera su trabajo sin pedir permiso.

    La caída, leve en apariencia, fue de esas que se resuelven rápido en lo colectivo —“¿todo bien?”— pero dejan su firma en lo individual. El balance: golpe directo en el dedo gordo del pie izquierdo, acompañado de una molestia persistente que fue decreciendo con los minutos, como un tambor lejano que acaba apagandose.

    El diagnóstico, sin necesidad de bata blanca, apuntaba claro: moratón de manual y la seria sospecha de que la uña, noble compañera hasta entonces, podría no completar otro viaje. Un daño menor en lo deportivo, pero lo suficientemente expresivo como para recordar que el BTT también tiene su peaje.

    Lejos de empañar la jornada, el incidente se integró en el anecdotario del día con ese tono entre la sorna y la camaradería que define al grupo. Porque si algo quedó claro es que, en el universo Choquero Biker, hasta las caídas tienen su hueco… siempre que se puedan contar después.

    Y esta, sin duda, ya forma parte del repertorio 😉

    TRACK DE LA RUTA

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    lunes, 23 de marzo de 2026

    Dejar ir para avanzar: de la Grizl 7 a la Grail 8

     

    Hay decisiones que, vistas desde fuera, parecen simples transacciones: vender una bicicleta, comprar otra. Pero quienes convivimos con ellas sabemos que cada cuadro guarda kilómetros, sensaciones y pequeñas historias que acaban formando parte de nosotros. Este es uno de esos casos.

    Hace un tiempo decidí adentrarme en el mundo del gravel animado por la inducion que me llegaba de Juan Manuel Muñoz. Lo hice con la honestidad de quien prueba algo nuevo sin saber si será pasajero o el inicio de una relación duradera. La elegida fue una Canyon Grizl 7, una bicicleta que, desde el primer momento, demostró ser todo lo que prometía: polivalente, robusta, cómoda y con una calidad incuestionable. Una compañera capaz de rendir tanto en pistas como en asfalto, siempre con solvencia.

    Sin embargo, hubo un pequeño detalle que con el tiempo se hizo grande: la talla. En su momento, quizá por precipitación o por una interpretación demasiado optimista de las recomendaciones, opté por una talla ligeramente superior a la que realmente me correspondía. No era un problema evidente en cada salida, pero sí lo suficiente como para no sentir ese ajuste perfecto que marca la diferencia entre “ir bien” y “ir en casa”.

    Y así llegó la decisión. No fue fácil, porque vender una bicicleta que funciona perfectamente siempre deja un poso de duda. Pero también fue un ejercicio de coherencia: si algo puede ser mejor, merece la pena intentarlo.

    La Grizl 7 —yo le puse un nombre ¨La Galeota de Huelva— encontró rápidamente un nuevo hogar. Su nueva dueña, Adelina en Lleida, la recibió con la ilusión que todos recordamos de una bicicleta recién estrenada. Saber que está en buenas manos, y que seguirá acumulando kilómetros y sonrisas, hace que la despedida sea mucho más llevadera. Al final, de eso se trata: de que las cosas sigan rodando.

    Y mientras una etapa se cerraba, otra comenzaba a tomar forma. Tras mucho mirar, comparar y reflexionar, la elección fue clara: la Grail CF 8 SLX . No solo por sus mejoras y su planteamiento más actual y completo, sino también por algo menos tangible pero igual de importante: la confianza en la marca. Cuando una experiencia ha sido buena, repetir no es falta de imaginación, sino una forma de confianza.

    La nueva bicicleta llega mañana. Y con ella, esa sensación casi infantil de expectación, de planes por trazar y caminos por descubrir. Esta vez, con la talla mas ajustada y con la certeza de que el gravel no era una prueba pasajera, sino un territorio en el que quiero seguir explorando.

    Porque a veces avanzar no consiste en cambiarlo todo, sino en ajustar lo necesario para disfrutarlo aún más.


    jueves, 12 de febrero de 2026

    El premio del pinar


    He recorrido muchos paisajes, pero pocos me producen la calma y el asombro que me regala el Campo Común de Arrida. Desde el camino de Castillejo, la vista se abre como un mosaico de pinos y monte bajo que respira equilibrio. Las arenas compactas, entre doradas y ocres, sostienen un tapiz vegetal de romeros, jaguarzos y lentiscos que dan al aire un perfume resinoso, casi medicinal.
    Pedaleando por este camino con mi bicicleta de gravel, cada tramo es una lección de ecología aplicada. El firme de tierra bien drenada, la pendiente suave y el mantenimiento natural del camino lo hacen idóneo para rodar: ni el barro se encharca. La naturaleza parece haber diseñado este trazado pensando en la suavidad del pedaleo y el diálogo entre esfuerzo humano y entorno forestal.
    Desde ciertos claros se distinguen las suaves ondulaciones del pinar, un paisaje que combina producción maderera sostenible, regeneración natural y biodiversidad discreta. Aquí el tiempo se mide en años de crecimiento, en silencios que invitan a detenerse, a dejar que la bicicleta repose y los sentidos trabajen.
    Este tramo no es solo un camino: es un premio que la naturaleza concede a quienes saben rodar despacio, mirar con atención y respetar lo que pisan. Cada pedalada por el Campo Común de Arrida me recuerda que la naturaleza no se limita a manejar recursos, sino a comprender su belleza y saber devolverla en forma de gratitud.
    En esta ruta acompañé a Juan Manel Muñoz y Javier Ordieres que son dos compañeros excepcionales en mis rutas de gravel! Compartimos kilómetros inolvidables por los caminos de Huelva y la Sierra, donde su pasión ciclista se nota en cada pedalada entusiasta y en su habilidad para elegir los mejores trazados. Su buena compañía, y apoyo mutuo, hace que cada salida sea una agradable y plancetera  aventura.
    L, García

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    domingo, 11 de enero de 2026

    Mazagón -El Rocio (Choquero Biker)

     


    Desde la primera pedalada en el Parador de Mazagón se notaba que no iba a ser un sábado cualquiera para la familia Choquero Biker. El aire fresco de la mañana, el murmullo del mar al fondo y el repiqueteo de las ruedas anunciaban una jornada larga, de esas que se recuerdan cuando las piernas ya están descansadas pero el corazón sigue rodando.​

    Rumbo a los Abalarios

    El grupo fue tomando forma junto a los pinos: Alonso, Ayllón, Hidalgo, Eloy, Juan Guerrero, Juan Antonio, Manuel Areas, Jordi, Rubén, Jesús Villen, Iñaki y el que escribe, alineados como una cuadrilla de romeros sobre ruedas, listos para adentrarse en la pista de los Abalarios. El GPS marcaba rumbo hacia el interior del pinar y, poco a poco, el asfalto quedó atrás para ceder el protagonismo a la arena, los charcos y las largas rectas que parecían no tener fin.​

    La pista de los Abalarios, siempre exigente, se mostró caprichosa: tramos de arena blanda que obligaban a jugar con el equilibrio, zonas rápidas donde el grupo se estiraba y se compactaba, y ese silencio del monte que solo rompen las risas y los comentarios entre compañeros. Allí se vio ya a más de uno regular fuerzas, pero nadie soltó rueda; no era día de rendirse, sino de disfrutar del esfuerzo compartido.​

    Bodegones y Gato: paradas con sabor

    Superados los tramos de la pista, la ruta fue buscando los Bodegones, punto de paso obligado para tomar aliento y reagrupar a la tropa. Entre tragos de agua, alguna barrita y comentarios jocosos sobre quién había hundido más la rueda en la arena, el grupo recuperó energía y buen humor antes de seguir camino hacia El Rocío.​

    Ya con la aldea en la mente, las bicis fueron rodando por las últimas pistas hasta alcanzar el Gato, donde el arena humedad del camino se mezcló con el ambiente rociero y el cansancio empezó a sentirse en serio. Las caras, sin embargo, hablaban de satisfacción: se había cumplido la primera una parte de la jornada, y tocaba saborear el momento, compartir anécdotas y preparar el cuerpo y la mente para el resto del recorrido.​

    Bautizo ciclista en El Rocío

    En Charco tuvo lugar uno de esos momentos que convierten una simple ruta en una historia para recordar. El Patrón, Manuel Areas, asumió su papel con solemne guasa romera y procedió a impartir el “bautizo” ciclista a los compañeros Alonso, Jesús Villen, Eloy, Ayllón, Juan Guerrero, Jordi y Rubén, que recibieron el rito entre risas, emoción y esa devoción ciclista que solo entiende quien ha tragado arena, sudor y kilómetros junto a los suyos.​

    No hubo agua bendita, pero sí agua y sudor sagrado de esfuerzo, suficiente para sellar el compromiso de estos nuevos “bautizados” con el espíritu Choquero. Fue un momento sencillo y emotivo, de los que unen al grupo y se rescatan siempre que alguien pregunta por qué se madruga tanto un sábado para sufrir sobre la bici.​

    Regreso a Mazagón

    Tras el rito y el descanso en El Rocío, tocaba afrontar el camino de vuelta hacia Mazagón, con las piernas ya cargadas y el sol más alto. El track marcaba de nuevo largas pistas, lugares con traicioneros tramos los que se empeñaba en poner un punto más de dureza en la ruta.​

    Los incidentes fueron mínimos, —caida sin consecuencias aparentes de Manuel Áreas y Juan Antonio— sin nada más realmente complicado que lamentar, más allá de algún pequeño susto en la arena, cadenas que reclamaban cariño y ese cansancio que iba calando en cada kilómetro. El grupo, sin embargo, se mantuvo compacto, esperando al que se quedaba un poco atrás, tirando del que dudaba y empujando anímicamente al que miraba al horizonte buscando el final.​

    El cansancio y la fuerza verdadera

    Con el Parador de Mazagón como final del recorrido, cada uno llevaba en las piernas los kilómetros y en la cara la mezcla perfecta de agotamiento y felicidad. Había sido una ruta exigente, de esas que dejan huella, pero los Choquero Biker demostraron una vez más que el compañerismo y el buen ambiente son el mejor desarrollo posible en cualquier bicicleta.​

    Y quedó claro, al final de la jornada, que la frase que resume el espíritu del día no es solo un adorno, sino una verdad escrita en cada pedalada: “el ciclista más fuerte es aquel que, a pesar del cansancio, no desfallece en el pedaleo hasta alcanzar la meta”.

    La ruta de Mazagón a El Rocío es una exigente jornada ciclista en el entorno de Doñana, descrita en el archivo como una salida larga del grupo Choquero Biker con tramos de arena y pistas. No se detallan datos numéricos precisos en el documento adjunto, pero rutas similares en la zona oscilan alrededor de 70 km con bajo desnivel. La valoración general destaca el esfuerzo compartido, el buen ambiente y momentos memorables como el bautizo ciclista en El Rocío.

    Datos Técnicos

    AspectoDetalleFuente
    Inicio/FinParador de Mazagón (ida y vuelta)
    Distancia aproximada67,7km (basado en tracks similares)
    Desnivel positivo140-200 m (zona plana con arena)
    Tipo de terrenoPistas de arena blanda (Abalarios, Bodegones), charcos, rectas largas
    Duración estimada4 h. 30` (mañana completa, con paradas)

    Valoración

    La ruta se describe como caprichosa y exigente, con tramos que prueban el equilibrio y la resistencia, pero sin incidentes graves más allá de arena y cansancio. El grupo mantuvo cohesión, con paradas en Bodegones y Gato y otros lugares estrategicos para reagrupar, culminando en satisfacción y felicidad pese al agotamiento. Destaca el compañerismo como el "mejor desarrollo" de la bici, ideal para ciclismo experimentados en Huelva.  

    El ciclismo de montaña no es solo deporte, es parte viva del paisaje. Cada pedaleo recorre sendas donde naturaleza y esfuerzo se encuentran; donde el silencio del bosque acompasa el ritmo del corazón. El ciclista se convierte en un habitante más del entorno, respetando la tierra, observando su vida y recordando que formar parte de la biodiversidad también implica cuidarla.

    Nota de rectificación (domingo, 11 de enero)

    En relación con la salida comentada en la publicación, deseo matizar la información sobre las caídas de Juan Antonio (El Galgo) y de Manuel Aréas (El Patrón).

    Aunque en el post inicial se indicaba que las caídas no habían tenido importancia, a día de hoy se confirma que sí han tenido cierta relevancia. Manuel presentó algunas molestias en el cuello —ya en remisión— y persisten leves dolores en el hombro. Por su parte, Juan Antonio continúa con molestias en el hombro, aunque el dolor está disminuyendo gradualmente.

    Afortunadamente, ninguno de los dos ha requerido asistencia médica y ambos se encuentran en proceso de recuperación☺.

    Tres días de gravel entre Huelva y el Algarve

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