Una aventura que recordaré siempre
Hay viajes que se preparan durante meses y otros que se viven
durante años cada vez que se recuerdan. Nuestra escapada en
bicicleta por el Algarve portugués fue una de esas experiencias que
dejan huella. Tres amigos, tres bicicletas y tres jornadas de
auténtico cicloturismo, donde hubo averías, preocupación, lluvia,
paisajes inolvidables y, por supuesto, una buena dosis de gastronomía
portuguesa.
Los protagonistas fuimos Lutgardo —el que escribe—, que partía desde Huelva; Juan
Manuel, desde Bellavista, y Javier, desde La Monacilla. Nuestro
objetivo era sencillo: recorrer durante tres días algunos de los
rincones del Algarve oriental e interior para regresar de
nuevo a casa por nuestros propios medios.
En total fueron 284,61 kilómetros, con 2.841
metros de desnivel positivo, según los registros del Suunto
Vertical.
24 de junio
Primera etapa. Huelva - Santa Luzia (88,51 km |
+515 m)
La aventura comenzó con un pequeño sobresalto.
Antes de iniciada la marcha la bicicleta de Juan Manuel sufrió
una avería en la cadena. Durante unos minutos pensamos que el viaje
podía complicarse incluso antes de empezar. Afortunadamente, entre
los tres solucionamos el problema con rapidez y eficacia.
 |
| Le debia una llamada a Enrique |
Y con la avería resuelta, nos pusimos a rodar.
El recorrido nos condujo hacia la desembocadura del Guadiana para
cruzar posteriormente a Portugal. El único inconveniente serio de la
jornada fue, curiosamente, el barco que une ambas orillas. Como ya es
tradición, los horarios parecen ser orientativos más que reales y
la espera terminó siendo bastante más larga de lo previsto.
Ya en territorio portugués, el paisaje comenzó a cambiar. Las
marismas dejaron paso a las salinas y poco a poco aparecieron las
primeras localidades del Algarve.
Llegamos a Tavira a la hora del almuerzo. Después de una comida,
recorrimos tranquilamente la ciudad antes de afrontar los últimos
kilómetros hasta Santa Luzia.
Y si Tavira es una joya, Santa Luzia es un pequeño tesoro
marinero.
La cena no podía tener otro protagonista que el pulpo, preparado
como manda la tradición portuguesa. Difícil encontrar un lugar
mejor para recuperar fuerzas después de casi noventa kilómetros de
pedaleo.
Sin embargo, mientras disfrutábamos de la tranquilidad de la ria,
Javier comenzaba a comentar que algo no terminaba de funcionar bien
en su sistema digestivo. En aquel momento ninguno imaginábamos lo
que estaba por venir.
La primera etapa concluía con 88,51 kilómetros
y 515 metros de desnivel positivo, una jornada
agradable que apenas dejaba entrever la dureza del día siguiente.
25 de junio
Segunda etapa. Santa Luzia - Vaqueiros (89,90 km
| +1.345 m)
La segunda jornada era, sobre el papel, la etapa reina del viaje.
Lo que no esperábamos era que la principal dificultad no fueran
las montañas.
Durante toda la noche Javier apenas pudo descansar. Un importante
desajuste intestinal le obligó a levantarse continuamente de la cama
para ir al baño. La situación llegó a preocuparme seriamente. Por
primera vez pensé que quizás tendríamos que suspender el viaje.
Aun así, con una enorme fuerza de voluntad, y su carácter
asturiano decidió intentarlo.
Comenzamos a pedalear rumbo al interior del Algarve. Los
kilómetros iniciales fueron tranquilos hasta que, al llegar a São
Brás de Alportel, encontramos un cartel indicando que la carretera
EN2 permanecía cerrada al tráfico.
Por suerte, Juan Manuel y Javier ya habían pasado anteriormente
por ese tramo y sabían que las bicicletas podían continuar sin
problemas.
Y fue una auténtica fortuna.
Solo tuvimos un pequeño despiste en la navegación, fácilmente
corregido sin mayores consecuencias.
Recorrer la EN2 completamente vacía fue uno de los momentos más
especiales del viaje.

Durante kilómetros tuvimos para nosotros solos
una carretera rodeada de montañas, bosques de alcornoques, monte
autoctono y un paisaje de enorme belleza. Pedalear sin tráfico,
únicamente acompañados por el sonido de las ruedas sobre el
asfalto, fue un auténtico privilegio.
Poco antes de llegar a Barranco do Velho nos cruzamos con Rui, un
cicloturista portugués que viajaba en completa autosuficiencia. ——Rui, Pedalar por uma causa nobre é muito mais do que percorrer quilómetros: é levar esperança, inspirar pessoas e mostrar que a força da vontade pode transformar vidas— Compartimos unos minutos de conversación antes de continuar la
subida.
En Barranco do Velho hicimos una parada para comer unas tostas.
Javier aprovechó también para tomar la medicación que había
comprado poco antes y comer un poco, afortunadamente, empezamos a notar una ligera
mejoría en su estado.
Desde Barranco do Velho hasta Vaqueiros nuestra intención era completar el
recorrido sin detenernos. Sin embargo, un cambio en la temperatura y una fina lluvia nos obligó a
parar unos minutos para colocarnos los chubasqueros y unos kilometros mas adelante en Cachopo hicimos otra parada, yo tomé un Sumol, Juan Manuel un Helado y Javier no lo recuerdo, esta fue la última parada intermedia. La llegada a Vaqueiros supuso un enorme alivio para todos.
Habíamos superado la etapa más dura del viaje con
89,90
kilómetros y
1.345 metros de desnivel positivo.
Más allá de las cifras, había sido una jornada de esfuerzo y
superación. La cena supo especialmente bien.
26 de junio
Tercera etapa. Vaqueiros - Huelva (106,20 km |
+981 m)
El último día amaneció con una noticia que todos esperábamos.
Javier había mejorado considerablemente.
Después del desayuno emprendimos la etapa más larga del
recorrido. Aunque acumulaba
106,20 kilómetros, gran
parte del perfil era descendente en dirección a la costa, lo que
permitía rodar con mayor comodidad.
El resto del recorrido transcurrió con absoluta normalidad. Poco
a poco dejamos atrás las sierras del Algarve para volver a
acercarnos al Guadiana y buscar el barco que nos devolvería a
Ayamonte.
Esta vez, para sorpresa de todos, la espera fue mínima.
Después de cruzar el río hicimos una pequeña parada en Ayamonte
para tomar un tentempié antes de afrontar los últimos kilómetros
por la carretera N-431 hacia Huelva.
El cansancio empezaba a hacerse notar, pero también esa sensación
tan especial que acompaña siempre al final de un viaje bien vivido.
Sin averías, sin incidentes y con la satisfacción de haber
completado el reto, cada uno regresó a su punto de partida.
Habíamos recorrido 284,61 kilómetros, acumulado
2.841 metros de desnivel positivo y, sobre todo,
compartido tres días de auténtico cicloturismo.
Mucho más que kilómetros
Cuando repasamos las estadísticas del GPS vemos distancias,
tiempos y desniveles.
Pero el verdadero recuerdo está en otros lugares.
Está en aquella cadena rota nada antes de salir de la casa de Juan Manuel en Bellavusta
En la preocupación por el estado de Javier y en su enorme
fortaleza para continuar.
En una carretera de la EN2 completamente vacía que parecía
reservada únicamente para nosotros.
En el encuentro con Rui, viajando en autosuficiencia.
En la lluvia de Barranco do Velho a Cachopo.
En el pulpo de Santa Luzia.
En las tostas de Barranco do Velho.
Y en esa satisfacción silenciosa que solo conocen quienes,
después de varios días de aventura, vuelven a casa sabiendo que han
vivido algo que permanecerá para siempre en la memoria. Henry Morton Stanley
Porque las mejores rutas nunca terminan cuando se baja de la
bicicleta. Continúan cada vez que se vuelve a montar en la bici.
Fotos
Video
TRACK dia uno TRACK día dos TRACK dia tres