Desde la primera pedalada en el
Parador de Mazagón se notaba que no iba a ser un sábado cualquiera
para la familia Choquero Biker. El aire fresco de la mañana, el
murmullo del mar al fondo y el repiqueteo de las ruedas anunciaban
una jornada larga, de esas que se recuerdan cuando las piernas ya
están descansadas pero el corazón sigue rodando.
Rumbo a los Abalarios
El grupo fue tomando forma
junto a los pinos: Alonso, Ayllón, Hidalgo, Eloy, Juan Guerrero,
Juan Antonio, Manuel Areas, Jordi, Rubén, Jesús Villen, Iñaki y el
que escribe, alineados como una cuadrilla de romeros sobre ruedas,
listos para adentrarse en la pista de los Abalarios. El GPS marcaba
rumbo hacia el interior del pinar y, poco a poco, el asfalto quedó
atrás para ceder el protagonismo a la arena, los charcos y las
largas rectas que parecían no tener fin.
La pista de los Abalarios,
siempre exigente, se mostró caprichosa: tramos de arena blanda que
obligaban a jugar con el equilibrio, zonas rápidas donde el grupo se
estiraba y se compactaba, y ese silencio del monte que solo rompen
las risas y los comentarios entre compañeros. Allí se vio ya a más
de uno regular fuerzas, pero nadie soltó rueda; no era día de
rendirse, sino de disfrutar del esfuerzo compartido.
Bodegones y Gato: paradas con sabor

Superados los tramos de la pista, la ruta fue buscando los Bodegones, punto de paso obligado
para tomar aliento y reagrupar a la tropa. Entre tragos de agua,
alguna barrita y comentarios jocosos sobre quién había hundido más
la rueda en la arena, el grupo recuperó energía y buen humor antes
de seguir camino hacia El Rocío.
Ya con la aldea en la mente, las
bicis fueron rodando por las últimas pistas hasta alcanzar el Gato,
donde el arena humedad del camino se mezcló con el ambiente rociero y el
cansancio empezó a sentirse en serio. Las caras, sin embargo,
hablaban de satisfacción: se había cumplido la primera una parte
de la jornada, y tocaba saborear el momento, compartir anécdotas y
preparar el cuerpo y la mente para el resto del recorrido.
Bautizo ciclista en El Rocío
En Charco tuvo lugar uno de
esos momentos que convierten una simple ruta en una historia para
recordar. El Patrón, Manuel Areas, asumió su papel con solemne
guasa romera y procedió a impartir el “bautizo” ciclista a los
compañeros Alonso, Jesús Villen, Eloy, Ayllón, Juan Guerrero,
Jordi y Rubén, que recibieron el rito entre risas, emoción y esa
devoción ciclista que solo entiende quien ha tragado arena, sudor y
kilómetros junto a los suyos.
No hubo agua bendita, pero sí
agua y sudor sagrado de esfuerzo, suficiente para
sellar el compromiso de estos nuevos “bautizados” con el espíritu Choquero. Fue un momento sencillo y emotivo, de los que unen al grupo
y se rescatan siempre que alguien pregunta por qué se madruga tanto
un sábado para sufrir sobre la bici.
Regreso a Mazagón
Tras el rito y el descanso en
El Rocío, tocaba afrontar el camino de vuelta hacia Mazagón, con
las piernas ya cargadas y el sol más alto. El track marcaba de nuevo
largas pistas, lugares con traicioneros tramos los que se empeñaba
en poner un punto más de dureza en la ruta.
Los incidentes fueron mínimos, —caida sin consecuencias aparentes de Manuel Áreas y Juan Antonio— sin nada más realmente complicado que lamentar, más allá de algún
pequeño susto en la arena, cadenas que reclamaban cariño y ese
cansancio que iba calando en cada kilómetro. El grupo, sin embargo,
se mantuvo compacto, esperando al que se quedaba un poco atrás,
tirando del que dudaba y empujando anímicamente al que miraba al
horizonte buscando el final.
El cansancio y la fuerza verdadera
Con el Parador de Mazagón como final del recorrido, cada uno llevaba en las piernas los kilómetros y
en la cara la mezcla perfecta de agotamiento y felicidad. Había sido
una ruta exigente, de esas que dejan huella, pero los Choquero Biker
demostraron una vez más que el compañerismo y el buen ambiente son
el mejor desarrollo posible en cualquier bicicleta.
Y quedó claro, al final de la
jornada, que la frase que resume el espíritu del día no es solo un
adorno, sino una verdad escrita en cada pedalada: “el
ciclista más fuerte es aquel que, a pesar del cansancio, no
desfallece en el pedaleo hasta alcanzar la meta”.
La ruta de Mazagón a El Rocío es una exigente jornada ciclista en el entorno de Doñana, descrita en el archivo como una salida larga del grupo Choquero Biker con tramos de arena y pistas. No se detallan datos numéricos precisos en el documento adjunto, pero rutas similares en la zona oscilan alrededor de 70 km con bajo desnivel. La valoración general destaca el esfuerzo compartido, el buen ambiente y momentos memorables como el bautizo ciclista en El Rocío.
Datos Técnicos
| Aspecto | Detalle | Fuente |
|---|
| Inicio/Fin | Parador de Mazagón (ida y vuelta) | |
| Distancia aproximada | 67,7km (basado en tracks similares) | |
| Desnivel positivo | 140-200 m (zona plana con arena) | |
| Tipo de terreno | Pistas de arena blanda (Abalarios, Bodegones), charcos, rectas largas | |
| Duración estimada | 4 h. 30` (mañana completa, con paradas) | |
Valoración
La
ruta se describe como caprichosa y exigente, con tramos que prueban
el equilibrio y la resistencia, pero sin incidentes graves más allá
de arena y cansancio. El grupo mantuvo cohesión, con paradas en
Bodegones y Gato y otros lugares estrategicos para reagrupar,
culminando en satisfacción y felicidad pese al agotamiento. Destaca
el compañerismo como el "mejor desarrollo" de la bici,
ideal para ciclismo experimentados en Huelva.
El
ciclismo de montaña no es solo deporte, es parte viva del paisaje.
Cada pedaleo recorre sendas donde naturaleza y esfuerzo se
encuentran; donde el silencio del bosque acompasa el ritmo del
corazón. El ciclista se convierte en un habitante más del entorno,
respetando la tierra, observando su vida y recordando que formar
parte de la biodiversidad también implica cuidarla.
Nota de rectificación (domingo, 11 de enero)
En relación con la salida comentada en la publicación, deseo matizar la información sobre las caídas de Juan Antonio (El Galgo) y de Manuel Aréas (El Patrón).
Aunque en el post inicial se indicaba que las caídas no habían tenido importancia, a día de hoy se confirma que sí han tenido cierta relevancia. Manuel presentó algunas molestias en el cuello —ya en remisión— y persisten leves dolores en el hombro. Por su parte, Juan Antonio continúa con molestias en el hombro, aunque el dolor está disminuyendo gradualmente.
Afortunadamente, ninguno de los dos ha requerido asistencia médica y ambos se encuentran en proceso de recuperación☺.