Crónica de una jornada redonda del Grupo Choquero Biker en Guillena 🚵♂️☀️
El recorrido, exigente pero agradecido, fue desgranándose entre carriles y pistas que parecían diseñados para disfrutar del BTT en estado puro. Subidas que pedían piernas y bajadas que regalaban sonrisas. La ruta no solo puso a prueba el físico, también reforzó ese espíritu de grupo que distingue a los Choqueros: nadie se queda atrás, y si se queda… se le espera con chascarrillo incluido 😄.
El siguiente alto en el camino fue el clásico Bar La Estacion, (Via Verde del Ronquillo) punto estratégico donde el avituallamiento adquiere categoría de ritual. Bebidas frescas, y mucho combustible para el buen humor y así afrontar la última subida. Aquí ya se respiraba ese ambiente de excursión memorable, donde la ruta empieza a convertirse en historia antes de terminar.
El servicio, cercano y eficaz, jugó un papel clave. Porque cuando las fuerzas flaquean tras la ruta, una buena atención no solo alimenta… resucita. Y así fue: entre platos, brindis y comentarios cruzados, el cansancio se diluyó hasta desaparecer.
El Grupo Choquero Biker firmó en Guillena una de esas rutas que no se miden en kilómetros, sino en recuerdos. Y de esos, hubo para llenar varias alforjas 🚴♂️✨
Anexo de incidencias y anécdotas: cuando la épica roza el suelo 🚴♂️😅
Toda gran ruta tiene su pequeña intrahistoria, ese capítulo paralelo que no figura en el trazado del GPS pero sí en la memoria del grupo. En esta ocasión, el protagonismo —tan involuntario como inevitable— recayó en quien firma estas líneas.
El episodio tuvo lugar en un tramo aparentemente inofensivo, de esos que invitan a bajar la guardia. Pero el ciclismo, como la vida, castiga los excesos… y también los descuidos y la falta de destreza. Unas ruedas más infladas de la cuenta, combinadas con un instante de confianza mal calibrada, bastaron para que la física hiciera su trabajo sin pedir permiso.
La caída, leve en apariencia, fue de esas que se resuelven rápido en lo colectivo —“¿todo bien?”— pero dejan su firma en lo individual. El balance: golpe directo en el dedo gordo del pie izquierdo, acompañado de una molestia persistente que fue decreciendo con los minutos, como un tambor lejano que acaba apagandose.
El diagnóstico, sin necesidad de bata blanca, apuntaba claro: moratón de manual y la seria sospecha de que la uña, noble compañera hasta entonces, podría no completar otro viaje. Un daño menor en lo deportivo, pero lo suficientemente expresivo como para recordar que el BTT también tiene su peaje.
Lejos de empañar la jornada, el incidente se integró en el anecdotario del día con ese tono entre la sorna y la camaradería que define al grupo. Porque si algo quedó claro es que, en el universo Choquero Biker, hasta las caídas tienen su hueco… siempre que se puedan contar después.
Y esta, sin duda, ya forma parte del repertorio 😉




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