Salimos temprano de Lubián, con la luz fresca de la mañana marcando el inicio de la etapa. Ponemos dirección al puerto de A Portela do Camba, primer puerto), límite natural y provincial que despide a Zamora y nos da la bienvenida a Ourense. Solo para detenernos para hacer fotos en la raya fronteriza, continuamos la marcha con la mirada fija en el horizonte.
Al llegar a las inmediaciones de A Canda y Santa María de Vilavella, el terreno nos muestra su cara más dura. Enfilamos un tramo del camino repleto de senderos no ciclables donde el avance se vuelve lento, pesado y por momentos francamente penoso.
La dificultad técnica y la piedra suelta se cobran su precio con dos caídas sin importancia, de esas que solo dejan el susto y un poco de polvo en el maillot. Por suerte, poco antes de llegar a A Gudiña, el camino decide darnos una tregua: el firme mejora considerablemente y la marcha se vuelve mucho más animada. Hacemos una merecida parada para inmortalizar el momento y tomar un café, antes de entrar a la villa, frente a la ermita de Nuestra Señora de Loreto hicimos una fotos para la historia.Reagrupados y con ánimos renovados, la ruta prosigue siguiendo fieles el track. Nos adentramos en un continuo sube y baja rompiernas que se compensa con creces gracias a unas vistas espectaculares. La ruta nos lleva a crestear por encima de los 1200 metros de altitud, ofreciéndonos una perspectiva monumental de la sierra.
A falta de 12 kilómetros para el objetivo final, la montaña nos regala una vertiginosa y larguísima bajada de 12 kilómetros directos hasta Laza. Frenos al límite, adrenalina y velocidad para cerrar una jornada épica. Ya en el pueblo, nos reunimos a celebrar el esfuerzo con una buena comida en El Descanso del Peregrino, rematada con una siesta bien
merecida para Juanfran --Chiqui para sus intimos--, quien hoy ha estado especialmente animado y cuya energía contagiosa nos ha empujado a todos a superar esta dura pero amenizado tramo del camino.
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