El día amaneció con esa energía única del camino, listos para encarar la travesía desde Puebla de Sanabria hasta Lubián. Sin embargo, los
primeros kilómetros nos pusieron a prueba. El arranque se convirtió en un auténtico reto técnico debido al mal estado y al descuido del terreno; entre piedras sueltas, firme irregular y bastante vegetación, avanzar exigió máxima concentración en cada metro.La recompensa llegó al salir finalmente a la carretera asfaltada, un firme mucho más amable que transcurre a la par de un arroyo sereno cuyo rumor de agua nos acompañó en el trayecto. Justo antes de afrontar el mítico puerto de Padornero, hicimos la parada obligatoria: un redesayuno brutal para recargar baterías, llenar el depósito de carbohidratos y mentalizarnos para la gran subida.
Con los ánimos renovados, coronamos el puerto y realizamos todo el tramo restante hacia Lubián por carretera. Rodar por el asfalto firme fue una bendición total que nos sirvió para desquitarnos del castigo y la dureza del día de ayer.
Gracias al buen ritmo constante, La llegada a la casa de Irene en Lubián fue el broche de oro de la jornada: todo un lujo marcado por la tremenda bondad de su hospitalidad, el impecable estado de sus instalaciones y unas vistas estupendas de la montaña que invitan al descanso absoluto. Ah¡,,Francis que tienes un corazón enorme y una energía que arrolla, pero de vez en cuando dale un respiro a esa cabecita dura, ¡que los demás también queremos llevarte al lado....
No hay comentarios:
Publicar un comentario